lunes, 16 de marzo de 2020



DESVIDA

              Nunca fue padre. Nunca se sometió al deseo ineludible. Nunca esperó con una novia el amanecer. Nunca sintió la urgencia de escribir un poema inspirado en una mirada única o en el profundo dolor de un rechazo. Nunca se graduó. Nunca confió sus secretos a nadie ni tampoco sus sueños. Nunca tuvo amigos ni compinches. Nunca jugó a la pelota ni a los videojuegos. Nunca lloró al lastimarse la rodilla o al ganarse un ojo morado después de una pelea. Nunca participó de un acto escolar. Nunca fue a pescar al río con su padre. Nunca, al circo con sus abuelos. Nunca lo llevaron a la calesita. Nunca le sacaron fotografías para el álbum familiar. Nunca hizo levantar a su madre de noche para acunarlo. Nunca tomó la teta.
              Nunca hizo nada de lo que hace cualquiera: los que iban a ser sus padres nunca lo concibieron porque no llegaron a conocerse.

domingo, 1 de marzo de 2020


PALABRAS DE ACERO

         En este reino, sólo los infames teólogos y militares determinan el nombre de los días y la esclavitud “misericordiosa” o no de las personas. Especifican  el  tiempo de aprendizaje, la fugaz duración de la memoria, quiénes son mujeres, quiénes hombres y quiénes hermanos. Disponen qué tramos de escaleras son para subir y cuáles para bajar, y la extensión de los muros circularmente infinitos que separan del extranjero. Regulan qué alegrías deben ser refrenadas y cuáles son las congojas permitidas. Legislan el idioma y el culto, igualmente rústicos e irreverentes. Decretan por dónde fluye la luz y dónde se estanca la sombra, qué pocas puertas se abren y qué incontables celdas  se cierran.
         La enfermedad, el suicidio, la miseria y la disconformidad son, a pesar de todo, las únicas verdades, aunque sean acalladas o disfrazadas. Y a eso, con franca hipocresía, lo llaman “condición humana”.
         Durante ese último año que pasé en prisión, sólo pude dar siete atormentados pasos para escribir, sobre la puerta de acero cubierta de suciedad, las dos palabras solitarias de mi poema definitivo: “AÚN ESTOY”.


viernes, 21 de febrero de 2020


EL ÁRBOL DEL OLVIDO

“En mis pagos hay un árbol… / que del olvido se llama… /
donde van a despenarse, vidalitay… / los moribundos del alma”.

Era “La Canción del árbol del olvido” de Alberto Ginastera, y el árbol existía en Potrerillos, Mendoza. Era conocido por todos los lugareños y cuando yo comenté que quería ir a visitarlo, mis padres dijeron que debía tener mucho cuidado porque una vez ahí, todas las penas se olvidaban y nunca más tendrían dueño.
       No fui en ese entonces. Pasó mucho tiempo antes de que pudiera encarnar el valor necesario para tamaña empresa. Recordaba siempre esa palabra, únicamente esa: “cuidado”.
      Con los años, me hice mujer, me casé, tuve un hijo, me divorcié, infinitas veces me hirieron y herí. Me levanté una y otra vez, lloré, reí, me aparté del mundo, regresé.
      Cuando ya estaba convencida de que había aprendido lo suficiente de la vida, corrí el riesgo y tomé el tren. Luego un micro. Y allí, a la vera de aquel riacho de montaña bañado por el sol, encontré el árbol. Cansada de tanto vivir dormité apoyada en él. Al despertar por el frío anochecer de los cerros, recordé sólo lo bueno transitado desde la infancia.
      Volví impaciente a la ciudad, inocente a los cincuenta y feliz como una niña.
     Después, poco a poco e inevitablemente, caí en los mismos errores que había cometido antes.








viernes, 31 de enero de 2020


MENTES BLINDADAS

En la negrura, el pánico la invadía casi al borde de la parálisis. Se acercó tortugueante a la puerta. Una luz mortuoria traspasaba por el ventanal contiguo a la entrada clausurada para ella. Lo supo. La vieja casa familiar aún seguía habitada. Buscó a ciegas un timbre y en su lugar encontró el eterno llamador de bronce – una mano- que permanecía grasiento, como de costumbre. Con una practicada ira martilló dos veces. Quería darse un ánimo artificial, ocultando su mansedumbre. Unos pajarracos huyeron despavoridos del dintel y quebraron la quietud del lugar. Después de la rabia, el silencio. Nadie vino a abrir. La luz, trampa inútil para ladrones, pensó. Sin embargo, conocía a sus padres y no habrían salido a esa hora tardía y calurosa.
Adentro, todo quedó de pronto a oscuras. No deseaban verla. Un alivio casi empalagoso le transitó por el cuerpo. No tendría que enfrentar a quienes no veía hacía años, desde que la echaron. Llevaba la corbata de seda que Claudia le había regalado antes de morir. No hubiera podido evitar las miradas de censura.
Agradeció no tener que escuchar historias olvidables, ni pedir ni otorgar simulados perdones. No había cumplido su objetivo: reconciliarse antes del final.

sábado, 18 de enero de 2020


FUERA DE HÁBITO

Muchos tratan de bajar en la oscuridad y salir a la calle. El apagón  fue repentino. Nadie estaba preparado: los que no eligieron permanecer en sus departamentos, se resbalan en la escalera, algunos se caen; los chicos corren.
            Él salía a caminar como todas las noches por la costa: vive en el tercer piso y nunca usa el ascensor. Los escucha gritar, alguien lo golpea y lo desestabiliza un poco, sólo un poco.
            —Federico vení para acá… ¡tené cuidado!   
            —¿Dónde estás Mariela? No te vayas a caer…
            Qué extraño, piensa. Parece que todos los padres están buscando desesperados a sus hijos. Ya deberán estar cenando.
            Demasiadas personas pasan a su lado por la escalera. No es habitual: les gusta el ascensor; es más rápido y cómodo. Un nudo en la garganta lo sorprende. El perro se detiene y se echa en el rellano. Él se sienta en un escalón. Está desconcertado.
Si él viera, se daría cuenta de que aun así no podría ver nada por el corte de luz.


Desde mucho haber padecido una internación de tanto tiempo sigo con mis cuentos. Falta de palabras de mi boca voy a recurrir a las que más tengo que son las que pienso y escribo. Gracias por haber estado en el tiempo.


  

martes, 9 de julio de 2019


MANO DE SASTRE

                Dedos nudosos, yemas endurecidas, índice y mayor atacabos sosteniendo un cigarro artesanal inerte hacía ya no sé cuánto. Pinchazos sin sangre, de agujas destinadas a eternos hilvanes. Anular y dedal inseparables. Su postura asumía inconsciente la forma de manotijera de hierro, pesada y gris. No llevaba anillos: habían sido empeñados tiempo atrás para retener por minutos de temblor unos boletos que al fin resultaron perdedores en los burros.     
              Cuando no hacía cortes y cosía, chasqueaba sus dedos –sin dejar caer el cigarro- acompañando coplas de Castilla que su boca hermana tarareaba. Revolvía la pasta diaria de buñuelos y medía acostumbradas lonjas de jamón y pan de campo, apurando un almuerzo siempre retrasado para acabar la prenda. Se metía en mi pelo, a ras de la mesa de moldes, reparando ausencias de tiempo de padre. Iba guiando mi triciclo por la vereda y conseguía por centavos chupetines que compartíamos. Esa mano me alzaba hacia los hombros, fuerte y segura. Podía someter firme la audacia de un golpe de puño.
            De joven recorrió cuerdas españolas y talle de hermanas. Eligió una para enlazarse hasta que la parca los viniera a retirar, de a uno. Secó llantos ajenos y propios. Se agitó en la cubierta de un barco al volver a su tierra, y recorrió pausadamente paredes, rostros y árboles abandonados cincuenta años antes. Pero ya era una mano argentina, abierta al otro, los hijos, nietos y el biznieto. Regresó sudorosa como llorando sueños perdidos y me pellizcó la mejilla, yo alegre por verlo. En meses, esa mano quedó helada.
            Yo aún percibo su tibieza al tomar la mía para bajar de la calesita.

miércoles, 26 de junio de 2019


LA CLARABOYA

            La falda volvió a volar en torno de la cabeza muerta: “¡Celestina, Celestina!”, y un fierro golpeaba con ritmo de saltar la cuerda.
            Grité aterrorizada: pero nadie vino. Mi tía seguía durmiendo la siesta; mi pelo rubio se volvía colorado y las manchas espesas de sangre que caían de la claraboya rota, se derramaban por mi cara.
            Volví a ahogarme en un grito. No sabía qué hacer con el miedo. Miré hacia arriba: los vidrios cuadriculados se veían transparentes, limpios. ¿Qué estaba ocurriendo? Corrí al baño y el espejo me devolvió una cara sólo pegajosa de lágrimas. La sangre había desaparecido, como la pollera, los zapatos, los piecitos.
            Una hora después, la tía despertó. Los vecinos  murmuraban que una niña que saltaba a la soga, tropezó y cayó sobre el vidrio verde de la claraboya; mientras la pianola repetía una y otra vez la misma nota, botines (decían que endemoniados) se arrodillaron y un trozo de vidrio partió de la mano de la niña a la cabeza que lanzaba gritos amenazadores.
            Nada era seguro: hacía más de treinta años que la casa misteriosa estaba deshabitaba. Pero yo guardé el caramelo de Celestina que esa tarde cayó sobre mi hombro.


martes, 18 de junio de 2019


OBSESIÓN ESTÉTICA

         Silvia se mira en el espejo largo rato. Recorre pausadamente su rostro con las manos tratando de detectar anormalidades subcutáneas imperceptibles a la vista; ejercita sus músculos para retrasar la aparición de arrugas. Como se lo enseña a otras en su programa por cable sabe bien qué hacer. Se coloca lociones y cremas para mantener el cutis sano. Y por fin, prueba los últimos maquillajes que salieron a la venta. Tiene el cabello fuerte, brillante y dócil y esto le permite cambiar el peinado varias veces y quedarse con el que le sienta mejor. En el cuarto se detiene unos minutos ante el espejo de cuerpo entero observándose de frente, de perfil, de espaldas (de paso ejercita los músculos del cuello), verifica las medidas para controlar que su estricta dieta continúe dando buenos resultados; pasa entonces a probarse la ropa que usará esta noche, o mañana por la mañana. Conecta la plancha y deja impecable la pollera, el pantalón, la camisa o el suéter. Elige la bijou que se acomoda mejor al estilo que va a llevar. Termina justo a tiempo para tomar su baño de inmersión con espuma y aceites. En la bañera practica ejercicios modeladores y reafirmantes y al terminar se ducha rápidamente con agua fría para estimular los capilares. Su madre, modelo profesional, le enseñó desde la niñez todo lo necesario para ser eternamente joven y bella.
              Silvio (nombre que le habían puesto al nacer) no consiguió nunca que su padre la considerara una mujer, como lo hacían todos los demás.



jueves, 9 de mayo de 2019


ADICCIÓN

            En el sueño me acerco, silenciosa, prudente a tu retiro apartado del mundo; el sigilo me domina al abrir la puerta  y, en secreto, me deslizo temblando entre tus sábanas. Tus brazos consienten mis caricias y el placer desborda nuestros cuerpos. La noche pasa vertiginosa y, exhaustos, nos rendimos a la pequeña muerte.
            Despierto empapada. Y estás lejos, muy lejos, separado de mí por un océano. El deseo me encadena noche tras noche tras noche, ansiando que vuelvas. Pero ya no es posible: hace tiempo que tu adiós fue definitivo. Y soy una adicta sin remedio.

lunes, 29 de abril de 2019


PERDIDOS

            Observo tus ojos, nublados por el alcohol, a través de los vitrales empañados. Las caricias con que recorriste mi desnudez me dejaron un vacío atrapado en recuerdos. Ya no sos quien eras, aquel hombre mío pródigo de placeres. Te perdés en mundos mareados por el whisky y dejaste de reconocerme el cuerpo con tus dedos, ahora temblorosos. Cualquier mujer es tuya porque no lo es ninguna. Mi nombre ya no significa nada. Nos perdiste.


viernes, 5 de abril de 2019


BIOGRAFÍA SENTIMENTAL

            Sentada en la escollera del Torreón, Laura es tres mujeres en una, incapaces de separarse sin romper su esencia. La cadencia rítmica de las olas livianas, seda los recuerdos ásperos. Habían sido tres hombres: del primero germinó un nombre y un aliento; su útero esperó el primer llanto y poco después, con esas manos pequeñas en su rostro, partió sin mirar atrás. Con él aprendió el sabor de la derrota. Del segundo recordaba sólo el centro de su pupila celeste, en la que no cabía ningún reflejo: aprendió lo que era el egoísmo. Del tercero, bebió el dolor de la violencia: su corazón de vértices en ángulo recto rasgaba las caricias de Laura sin piedad. Aprendió que no todos son capaces de dar amor.
            El océano, que nunca es el mismo, le enseña el sentido de la impermanencia, y en su acercarse y retirarse hacia la costa con monotonía incansable, no le permite olvidar los errores repetidos de los que aún no aprendió nada. 
            Las horas de la tarde pasan irregulares sobre las rocas y en su alma; el tiempo lento de la pena dobla la esquina y se transforma en un instante pequeño de goce y luego otro dolor largo y después, una alegría corta.
            Cuando el crepúsculo empieza a cubrirla, cae en la cuenta de que se va a dejar, más pronto o más temprano: una línea recta marcará el momento de su partida sin retorno.


lunes, 1 de abril de 2019


LA GOTITA

            La gota cae rebelándose sin ritmo, densa, con eco, lenta y luego rápida; seguramente formando un charquito alrededor del desagüe. Como no queriendo irse. La imagino desde mi cama y el sonido pequeño de día, se hace ruido viscoso, fantasmagórico en la oscuridad. No me deja dormir. Cierro los ojos y el impacto persistente del agua de la canilla contra la pileta me mantiene alerta. A veces, un silencio brusco me desorienta y la tensión de la espera se hace insoportable. Creo que se convirtió en agua inmóvil. Pero no. Súbitamente, una rápida cadena de sonidos llena el suspenso. Pienso que si la salpicadura tuviera ritmo definido, quizás un dos y uno, o tres y dos, haría las veces de acompañamiento, casi de canción de cuna, pero esta irregularidad me exaspera. Lucho contra mi propia bronca, pienso que aún despareja, es monótona, pero no logro convencerme. Tampoco me decido a ir y apretar la canilla.
           
            Todas las noches lo mismo. Es una lucha a oscuras entre un líquido que cae y un hombre que ya lleva días sin dormir.

miércoles, 20 de marzo de 2019


TRIBUNAL DESHONESTO

            Maricarmen, Esther y Enriqueta parecen buenas, pero en realidad son tontas. Aún más, tienen esa estupidez maligna propia de la adolescencia deseosa de ser y no poder, cansada de persistir y fracasar. Copian de sus madres los prejuicios y de sus padres, los vicios. Se dicen amigas pero, de a dos, son crueles verdugos de la ausente. Por eso se apartan lo menos posible. Han tomado la costumbre de conversar mirando el pueblo desde el andén de la vieja estación, e  intercambiando chismes, seguramente falsos, sobre cuanta mujer vive sola. Esto les lleva tres horas de cada rutinario día de sus vidas. Cuando no queda más títere con cabeza, sacan las pipas y las cantimploras de vino y, en descontrol, fingen imitar a las criticadas cuando en realidad sueltan, como caballos desbocados, sus más ocultas y naturales tendencias.



VUELVO A MI BLOG, DESPUÉS DE MUCHO TIEMPO. UNA ENFERMEDAD CEREBRAL ME MANTUVO  LEJOS DE LAS LETRAS. AHORA, CON MUCHA AYUDA DE PARTE DE LOS PROFESIONALES Y AMIGOS, COMIENZO A LEER, ESCRIBIR Y CORREGIR. 
SALUDO A TODOS MIS AMIGOS Y SIGO ENVIANDO LOS CUENTOS DE MI ÚLTIMO LIBRO: 
NI UNA PALABRA MÁS

Escritosdemiuniverso

Este blog es como ese universo que construyo día a día, con mis escritos y con los escritos de los demás para que nos enriquezcamos unos a otros. Siéntanse libres de publicar y comentar. Les ruego, sin embargo que lo hagan con el respeto y la cultura que distingue a un buen lector y escritor natural.



“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



Escritura

Escritura
esa pluma que todos hubiéramos querido tener entre nuestros dedos