Escritosdemiuniverso

Este blog es como ese universo que construyo día a día, con mis escritos y con los escritos de los demás para que nos enriquezcamos unos a otros. Siéntanse libres de publicar y comentar. Les ruego, sin embargo que lo hagan con el respeto y la cultura que distingue a un buen lector y escritor natural.



“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



viernes, 24 de noviembre de 2017

NOCHE DE MILONGA

       Él cabecea. Ella asiente. Desde mesas distantes caminan para encontrarse en el centro de la pista. Piernas, tacos, manos, cuerpos que se rozan levemente al ritmo de la orquesta; se retiran, se acercan, todo en un mismo tango. El brazo de él la sujeta por la cintura y el dedo pulgar, como flecha, indica el guión tantas veces repetido y otras tantas, nuevo. Ella abandona su brazo sobre el hombro del compañero. Dos manos en suave contacto. Rostros que parecen mirarse intensamente y, sin embargo, no se ven. Simulan deseo, rechazo, intimidad al dibujar la geografía sobre el piso que cuenta una historia: dos desconocidos encontrándose y estudiando sus cuerpos, sin palabras, sin suspiros.

      La música termina y las piernas enajenadas, vuelven altivas a sus mesas.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

REPOSITOR

La ausencia de Pilar, castigo torturante aunque merecido, le niega el sueño y el hambre, pero anima su imaginación: seguirla, disculparse, rogarle, perseguirla, acosarla, acorralarla y violentarla hasta conseguir doblegar esa firme decisión de abandonarlo. Ella no es (ni nunca fue) mujer de dudas. Él, en cambio, es un vacilante. Ese constante ir y venir emocional le hizo creer que podría traicionarla rompiendo un compromiso sin papeles, pero compromiso al fin.
Cuando aquel día ella subió al auto, dejándolo sin palabras y con las manos vacías de dos años de compartir mates, no había lágrimas en la despechada que se iba. Él era quien lloraba su propio terror a la soledad.
Cuando no la vio más al doblar en la esquina, recostado en la puerta, recordó con amargura las mezquinas excusas que durante meses le había dedicado triunfador, al volver de hoteles alojamiento.
Hoy, después de una semana, todo lo imaginado quedó sólo en eso. Recriminándose el triste final, no pudo siquiera comer esa tarta solitaria y seca que ella había dejado en la heladera. Todo un desperdicio, como el último tiempo.
Aulló como simio solitario, pero sin ruido. Al fin de cuentas concluyó, debía comportarse como cualquier ser humano: Pilar no era la única mujer en el mundo. No lo dudó ni por un momento. Un clavo saca otro clavo.

Salió a reponer víveres para la heladera.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA ETERNA DISCONFORME

LA DISCONFORME

La disconformidad (RAE: oposición, desunión, desacuerdo en los dictámenes o en las voluntades) es el tema en cuestión de la novela Contra Todo escrita por Marea Roja, recientemente fallecida. Es una obra evidentemente autobiográfica que se editó por primera vez en 1978, cuando la autora ya tenía cincuenta y seis años de edad. Ese sentimiento, que la mantenía en constante rebeldía contra el mundo, motorizó su existencia durante más de noventa años; era tan fuerte en ella como puede haberlo sido el optimismo, la ilusión, la utopía en un idealista. Sin embargo, Marea se oponía y se rebelaba ante todo sin proponer nada.
Cualquiera sabe que los momentos felices son los más deseados aunque los más cortos. Marea tenía tanto material en sus crónicas de viajes acerca de todo lo que consideraba malo, incorrecto, decadente y ruinoso en el planeta, que era una línea negativa sin un punto y aparte.
Contra Todo es una novela de protesta individual, desaliento y escepticismo.
El corazón de este libro es lo que el lector deberá tomar como tarea a desentrañar. El enigma que plantea Marea Roja resulta ser una simple pregunta: ¿Qué la hizo vivir casi cien años, no pegarse un tiro y morir desangrada?

Después de haber transmitido tanto pesimismo, paradójicamente se quedó dormida para siempre con una plácida sonrisa en los labios. 

domingo, 22 de octubre de 2017

TODO PASÓ COMO EL VIENTO

                   Está atardeciendo. Dejó flotar en el aire las palabras junto con el  humo dulce del tabaco de pipa que fumaba, primerizo. Se acurrucó sobre ese madero rústico donde los pescadores habían disfrutado de largos silencios de espera.
                   Ella no contestó. Su mirada aceptó el acercamiento de los cuerpos.  Tomó la mano del joven que ya amaba y la apoyó sobre su vientre virgen. Se besaron sin vergüenza mientras la sinfonía de las aves del río iba apagándose. Encendidos, sus sexos iluminaron la noche.
                  
                   La sedujo la primera semana, la tuvo en la siguiente, y la dejó sin misericordia, sin himen y repleta, un mes después.
                   Ella nunca volvió al muelle.
            Él se convirtió, de adulto, en un consumado fumador de pipa

jueves, 5 de octubre de 2017

UN MISMO FAROL, UN MISMO LLANTO

            La noche la sorprende bajo la penumbra del mismo farol, ese donde él le estampó el primer y último beso francés. Entonces se sienta contra la columna de hierro, con los brazos enlazados a sus rodillas y se le vienen miles de imágenes: el jean deshilachado, la remera de los Ratones y esos ojos…esos ojos húmedos en los que veía, embobada, su propio rostro. Y no puede evitar derramar unas lágrimas a modo de veintiuna salvas de cañón por ese amor de alto voltaje, que ahora sólo humeaba agonizante.
            ¡Qué tiene que aprender? Quién sabe… a veces no se aprende nada; y también está bien.
            Por eso se consuela con un cabsha y se tira en el sofá junto a su persa dispuesta a mirar una vieja película. Se pregunta: ¿cómo puede ser que la primera imagen sea la de una chica sentada contra una columna de hierro, la de un farol, con los brazos enlazados a sus rodillas, llorando?
            La realidad imita a la ficción.



jueves, 28 de septiembre de 2017

JARDÍN JAPONÉS

                               Ella, delicada y obediente, sabe preparar un simple lecho sobre el piso, armar las flores y las ramas de bambú en un ikebana que siempre cuenta una historia. Silenciosa, cocina el arroz y los brotes como ninguna otra. Canta melodías sin tiempo y enseña a sus hijos el respeto y la calma. Del otro lado del jardín, más allá de las rocas, los arbustos, el lago con sus peces saltarines, una casa de techos y lámparas de papel rojo cobija a las geishas. Su hombre las visita. La esposa no siente celos. Aprendieron desde niñas secretos que sólo ellas conocen: complacen su cuerpo, alimentan su mente con historias y tocan instrumentos que esa sencilla mujer no pudo nunca tener entre sus manos. Dan a su esposo un amor refinado que nadie puede igualar. Ella lo sabe y sonríe dulcemente cuando él vuelve al nido de sus brazos. No puede sentir celos de quienes lo alegran. Tanto y tan fuerte es su amor.

domingo, 3 de septiembre de 2017

MÚSICA INTERNA

            La música resbala por mi piel. En su temerario caer sin paracaídas desde el cuero cabelludo, se me engancha en las pantallas marcando un ritmo paralelo,  interior y mágico. Cada redonda es una burbuja de lento arcoiris; cada blanca, una estrella que resplandece aún mucho después de muerta; cada negra un agujero, esponja de energía que sorbe la memoria; las corcheas bailan con desparpajo en un carnaval sonoro, mientras sus hijas semicorcheas saltan de agudos a graves, rebeldes y animosas; fusas y semifusas corren de la coronilla hasta los pies a inatrapable velocidad como si la distancia fuese cósmica. Quiero seguir respirando en el seis por ocho y empieza el ahogo. No logro mantener el compás; imagino que desaparezco en el universo con cada sonido.
            Música, prodigio maravilloso que me expande y libera sin que persona alguna se dé por enterada

martes, 22 de agosto de 2017

AUTOPSIA

              Los instrumentos están alineados junto a su mano derecha. De mayor a menor. Le gusta el orden. Piensa que tener lo que se necesita en el lugar adecuado y en el momento justo es fundamental. Ya lo ha probado. Nadie más pudo encargarse bien de esta etapa. Necesita que todo esté bajo su control. Con un golpe de vista, su mano alcanza con facilidad lo que requiere para hacer los cortes, abrir, sostener, limpiar, coser, etc.
              A las 6 de la mañana, comienza su labor y por cábala no se cambia la ropa blanca hasta terminar, al anochecer. Nunca hubo reclamos porque él domina bien su actividad. “Lo bueno de este trabajo” –se dice en palabras copiadas de su terapeuta- “es que sublimo mis impulsos agresivos sin hacer daño. Nadie grita ni protesta y siempre salen todos beneficiados.” Tantos años de análisis dan por fin sus frutos.
              Con total concentración, realiza los cortes indispensables y separa en cubetas los diferentes órganos después de pesarlos. Examina huesos, pelo, musculatura, nervios y da por terminadas las incisiones. Tira lo que no sirve. Finaliza su tarea como el profesional que es. Limpia –minucioso- la mesa de trabajo, lava el instrumental y sus manos. Se seca.
              Satisfecho y orgulloso, como todos los días, da vuelta el cartel que dice:   ‘Cerrado’ y abre la carnicería.




miércoles, 26 de julio de 2017

VERDUGO DE CRISTAL

VERDUGO DE CRISTAL

            Viernes. Cena familiar. Alrededor de la mesa se sientan como siempre el abuelo en la cabecera, la abuela, la hija con su esposo y los mellizos. Una vez más Luis, el hijo, no está.          
Seis personas de rostro sin gestos, silenciosos, a los que no escucho masticar, ni siquiera rozan los cubiertos al cortar la comida invariada de los viernes: antipasto, pollo con papas al horno, flan.
            La mucama, que ha aprendido los usos y costumbres de la casa, aparece y desaparece de mi vista casi en puntas de pies, dejando los platos servidos ante cada uno. Los niños amaestrados parecen muñecos; no sonríen, no se guiñan, no esconden. Han aprendido a callar durante una hora.      
            Yo estoy aquí, en una mesa de apoyo con incrustaciones de nácar,  como todos los viernes, guardando cuatro cuadrados de papel con nombres de adultos.
            Termina la cena. Ahora viene la palabra de la abuela:
            —Mercedes, traé la caramelera, por favor.
            La mucama sabe que soy delicada y temida. Me coloca en el centro de la mesa y, como siempre, la niña menor levanta mi tapa y saca un papelito. 
            Dice simplemente: —Abuelo.
      Es la persona que el sábado visitará, obligado, a Luis que está en la cárcel de por vida, por asesinato.
            Mercedes vuelve a colocarme sobre la mesita y durante los siguientes seis días escucharé cantar en la cocina, el ir y venir de los que habitan la casa, la música que proviene de la habitación de descanso y esas conversaciones usuales que pueblan los hogares comunes y corrientes 

viernes, 14 de julio de 2017

LA GRAN AUSENTE
Concierto para la mano                                                                     izquierda en re
de Maurice Ràvel


             Esta única mano, la izquierda, resquebraja 
la tensión del silencio.
             Mis dedos en catarata van relatando su dolor
por la compañera ausente, esa ira del ser distinto, 
potencias de la voluntad contra un destino guadaña, 
la alegría del encuentro de cinco dedos que se 
bastan a sí mismos y este triunfo del sonido 
colmando vacíos.

             ¡Qué pleno mi pecho después de la última nota, 
pulsada por un dedo de esta mano solitaria! 
La aparto con reverente lentitud de piano, 
sonrisa horizontal que me regala la vida generosa.

viernes, 7 de julio de 2017

MEMORIA RECICLADA

Ahí. Donde Medrano se hace Castro Barros, donde la esquina de Las Violetas retiene voces y gestos antiguos, donde Saummel y Hnos tuvo la desdicha repetida de verme jugar entre los cristales, donde el diariero fuera alguna vez el patrón de mi papá-canillita.
Ahí. Frente a la pizzería El Tuñón que recibía los miles de fanáticos que a las dos de la mañana salían de la Federación de Box…
Recorrí mi infancia feliz de tranvías y masas de crema y dulce de leche.
La vereda de sol caminada sin reloj por las parejas,
una familia sin prejuicios tomando mate con bizcochitos a la puerta de su casa,
el chico tonto del barrio tratando de patear esa pelota nunca acertada,
Ahí. Los grandotes sin historia burlándose de su torpeza;
la nena del policía luciendo su mejor vestido,
el vendedor de globos y paletas dulces y el carro abarrotado de canastos y escobas esperando compradores desde siempre.

Ahí. Capturados en un desván del cerebro, los viejos hablamos con los recuerdos, que regresan mucho más genuinos que lo realmente vivido.

jueves, 29 de junio de 2017

RITUAL DE INICIACIÓN

Tambores convocantes para un llamado de amor que buscaal compañero. Entre las ramas, en el impenetrable verde, los pájaros custodian el juego de escondidas que marcará el paso de la juventud ala adultez. La tribu, en un claro fuera de la selva, espera el encuentro,el grito, y del placer la sangre. La pareja toma el camino de regresodespués de conquistar a la naturaleza virgen. Para ninguno de los dosserá sólo un rito, sino el comienzo de un presagio contado duranteaños por las viejas sabihondas de historia

miércoles, 14 de junio de 2017

Fantasmas en el barrio

FANTASMAS EN EL BARRIO



            Brandsen y México. Sábado 23 horas. Sobre el pasto que acompaña silencioso la pequeña vereda, dos fantasmas se dan cita. Entrecruzan sus prendas sutiles y cuentan historias sin tiempo. Les gusta esa esquina. Conocen los pinceles y la música que atraviesa las cortinas de la casa en ochava. Se sienten recibidos. Mueven sus amarillos y sepias siempre nuevos al son de los sueños murmurados. Escuchan las imágenes y huelen amorosos los sonidos de poemas ya fríos. Ellos saben que su llegada alegra las paredes y calienta el colchón. Se entrelazan sensuales como cuando tenían cuerpo de mujer y de hombre. Mientras bailan, el que la habita abre la puerta, sale y descansa en el verde. No los ve pero percibe la brisa adormilada. Esas figuras que fueron felices le colman el aire sin medida. A las 0 horas entra sonriendo y cierra la puerta. Durante la semana que tiene por delante mantendrá el pasto cortito para que los fantasmas encuentren fácilmente su hogar en el barrio Villa Primera. 

domingo, 14 de mayo de 2017

TRASNOCHE


            La noche exhibe su mirada parpadeante y lejana. Trenes dormidos en la vieja estación esperan que un hombre de gorra y uniforme les despierte el alma. Son las dos de una madrugada de invierno. Perros deambulan ansiando lugares ausentes de escarcha. El hombre arma una cama improvisada de cartón y trapos para mantener sus sueños calientes hasta que amanezca. Antes de que los párpados se le acomoden serenos, mira el cielo nocturno y siente que cada estrella que muere deja un vacío en su corazón. Un cometa miente una herida en la bóveda sin luna de la ciudad  y huye después de que él pide sus tres deseos infinitamente repetidos y negados. Impreciso, el rocío cae mojando las veredas por donde una pareja trasnochada camina, besándose irreverente ante el sueño profundo de los otros. Un cartel luminoso se despabila sobresaltado y abre, a deshora, las hojas de los árboles que creen que despunta.

Aquel sin techo no mide la dimensión de sus deseos, ni la noche prevé el alcance de su oscura placidez.

lunes, 8 de mayo de 2017

CUESTIONES PRIVADAS

       El golpeteo en el dormitorio de arriba es horrendo. Esa gente parece no tener hora. Durante el día se opaca detrás del ruido de bocinas, frenadas de  colectivos, gritos de la gente y alguna música de otros departamentos. Supongo que en algún momento saldrán a pasear por la costa. Pero a la noche es insufrible. Las tormentas parecen excitarlos más. Me acuesto y cuando apago el televisor, el ritmo anuncia DE NUEVO INSOMNIO. Prendo la radio y me pongo los auriculares. Me quedo dormida pero sólo por unos minutos. Los golpes sobre mi cabeza me despiertan enojada. Me escondo bajo la almohada y suenan, lejanos pero suenan. Es indecente. Yo nunca fui una pacata, pero esto es demasiado. La intimidad debe ser privada, no pública. Además mis nervios ya son alambres electrificados y las ojeras me llegan hasta los pies. Mañana mismo me voy a quejar al encargado. Ya pasaron dos meses y creo que es suficiente. Se acabó la fiesta, tórtolos.

       El encargado toca el timbre en el departamento del piso superior. Nadie contesta. Usa la llave que los dueños le dejaron al terminar la temporada y entra. La ventana del dormitorio había quedado abierta de par en par.
       El viento está haciendo el amor con las persianas.


De mi último libro: NI UNA PALABRA MÁS

Escritura

Escritura
esa pluma que todos hubiéramos querido tener entre nuestros dedos