Escritosdemiuniverso

Este blog es como ese universo que construyo día a día, con mis escritos y con los escritos de los demás para que nos enriquezcamos unos a otros. Siéntanse libres de publicar y comentar. Les ruego, sin embargo que lo hagan con el respeto y la cultura que distingue a un buen lector y escritor natural.



“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



jueves, 19 de febrero de 2015

UNO DE LOS MUCHOS Y AGRADECIDOS COMENTARIOS DE MI LIBRO "ESA OBSTINADA COSTUMBRE DE MORIR"

Mi querida Lidia. Aquí como en Argentina estamos de vacaciones y para mí son días complicados, no había podido leerte y tampoco escribirte, pero me obligo y me robo un momento para comentar que he leído algunos de los cuentos que has publicado en el blog y que me parecen fantásticos.

Esa obstinada costumbre de morir, libro que acabas de publicar y que lamentablemente no está disponible al resto del mundo, ese título es una pieza fundamental para entender los textos,   porque efectivamente la muerte es obstinada y se presenta aun a pesar nuestro y se hace costumbre verla seguido.

En los textos que he podido leer:  

Canción de cuna. El Guardián. Yo, Coleccionista. Escondite en plaza Rodríguez peña. Otro de ciencia ficción.

La muerte es apenas un elemento más, instalado, confundido con la taza de café, la ropa lavada, una conversación, un teléfono celular, un sonajero, un biberón.

Lo realmente interesante de los textos es ese retrato de la vida de las personas, que pueden ser nuestros vecinos, compañeros de trabajo, quien nos vende el pan y nosotros, tan ensimismados en nuestros propios pasos no somos capaces de ver lo duro que resulta la vida para otra persona.

Para mí no son textos tristes, si debo colocar un calificativo, diría que son abrumadores.

Quien mira la fotografía del blog, con lentes, sonreída y apacible, jamás podrá pensar que imaginas y vives ese mundo que nos presentas y que muchos de nosotros nos cuesta mirar, pero es real, está  allí.

Es un trabajo que ha debido dolerte mucho y ahora es el momento para cerrar esa puerta y abrir otra, quizás más complicada, pero igual de necesaria para quien tiene la tarea de escribir.

Este comentario o parecido lo publicaré en mi FB, en Rayuela y en Ríos de Tinta, porque creo que tus textos deben ser leídos, sobre todos por quienes escribimos.

No pude publicarlo en tu blog, pero puedes publicarlo si lo crees necesario.

Un abrazo, con un enorme cariño y sobre todo respeto, por quien eres y por lo que defiendes. 
  
 José Morales

SEGREGADO

SEGREGADO
“Con un ojo en cada sien, como los centauros, se encaramó a la roca para dejarse caer hacia el acantilado y terminar su inútil vida. Fin”.
Levanté la mirada  y vi que Juani ya se había dormido. No sé cómo, pero se había dormido. Me dije: esta es la historia más terrible que he leído en mi vida. De verdad. Y eso que llevo décadas leyendo. No podía concebir que mi hijo me pidiera que le contara este cuento para dormir. Un penoso relato de un animal deforme, segregado por la manada al punto de suicidarse. Dejé la habitación en puntas de pie y, todavía estremecido, me senté en el sillón del living. Algo tenía que hacer y no sabía qué. Él se había adentrado en el sueño con facilidad y yo, un adulto, no podía sacarme de la cabeza la escena final: ese hartazgo irreparable del que es diferente. Me propuse reescribir el cuento. Un padre no podía permitir que un niño de cuatro años disfrutara de aquello. Necesitaba darle un clima de aceptación, un mensaje de esperanza y caridad.
Pasé toda la noche en la computadora.  Al fin, la historia modificada me agradó: una versión del Patito Feo; pero era lo que yo deseaba contarle a Juani. Busqué papel canson y crayones y dibujé un centauro alado. Un animal que cambia la propia muerte por el vuelo, ése al que su manada admira mientras surca los aires. Pensé: Juani, será tuyo cuando despiertes.
Pero no se lo di a la mañana. Decidí que al acostarse, cuando me pidiera que leyera el cuento nuevamente le entregaría el dibujo y el nuevo relato. Más tranquilo, me fui a la oficina. Mi mujer todavía dormía. Juani se iría al jardín y ella a su trabajo.
No fue un buen día. Mis compañeros, esos que me dirigen la palabra solamente para saturarme de trabajo, esos que nunca se acuerdan de mi nombre, esos que se burlan de mis orejas grandes, mi calvicie prematura, mis anteojos de miope, mi tartamudeo, mi gordura; esos, no me dieron paz durante nueve horas. Encima, dos horas antes de retirarme, el jefe de sección me llamó a su despacho, dijo que ya no necesitaban más de mis servicios y que en quince días debía desalojar mi escritorio. Pasé mucho tiempo en el baño vomitando, aturdido, lleno de miedo y también de odio hacia mí mismo, por ser así, por no tener amigos, ni vida social. ¿Qué iba a hacer yo de aquí en más? ¿Cómo mantendría a mi familia? Sabía que Estela me quería, pero no me amaba. Yo no era la persona de la que se había enamorado.
Salí nauseoso de la oficina y mientras caminaba cargado de culpa y cobardía recordé que una vez, al entrar a casa, le escuché decir a mi hijo: “ahí viene Dumbo, mamá”. “¡Shhhhhhh!” Yo era su vergüenza: no podía soportarlo.
El cuento, el original, se me hizo presente y comprendí qué le había pasado a aquel animal.  No podía transformarme en un padre aceptable. Ni tampoco en un buen proveedor para mi mujer. También me sentí un inútil.
En el andén del subterráneo no dudé ni un instante: volé, centauro con alas.




Escritura

Escritura
esa pluma que todos hubiéramos querido tener entre nuestros dedos