Escritosdemiuniverso

Este blog es como ese universo que construyo día a día, con mis escritos y con los escritos de los demás para que nos enriquezcamos unos a otros. Siéntanse libres de publicar y comentar. Les ruego, sin embargo que lo hagan con el respeto y la cultura que distingue a un buen lector y escritor natural.



“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



miércoles, 28 de enero de 2015

EL GUARDIAN de mi libro Esa obstinada costumbre de morir

EL GUARDIÁN
La veo entrar, cansada, después del trabajo en su bufete de abogada de la 5º Avenida. Aunque estoy acurrucado bajo el sillón del hall, veo que su maquillaje ya no puede ocultar las ojeras de un día complejo. Mariana va a la cocina, se sirve un jugo y galletitas y luego prepara su acostumbrado café negro. Lynn suele venir minutos más tarde: el tiempo suficiente para que ella descongele alguna comida al terminar el café. Abre la botella de Chablis y la lleva al living; pone música.
Apaga el celular y lo abandona sobre el audio; tras el ventanal el puente de Brooklyn que la separa de Manhattan, le asegura unas horas de descanso y tranquilidad.
Mira el reloj y pone sin apuro la mesa para dos. Me llama. No me muevo. Tengo miedo. Empieza a buscarme, extrañada. Se encoge de hombros. Sabe que nunca me escapo.
Vuelve a la cocina y yo me escondo más, estrechándome todo lo que puedo, que no es mucho. Sigue llamándome. Mudo.
El saco de Lynn colgado en el perchero de la entrada la sorprende. Es curiosa. Revisa los bolsillos y descubre el celular. No puede evitarlo. Recorre los últimos mensajes de voz y escucha: “Susan… hoy se lo digo… se terminó, ¡te lo juro! tengo los pasajes… ¡Te amo!”
Mariana tira el celular y sube las escaleras. Supone que él  estará recogiendo sus cosas. En el rellano patea un bolso.
Salgo de mi escondite. La sigo. Él yace destrozado sobre la cama.
Soy un rottweiler. No permito que a mi dueña la abandonen.


Escritura

Escritura
esa pluma que todos hubiéramos querido tener entre nuestros dedos