Escritosdemiuniverso

Este blog es como ese universo que construyo día a día, con mis escritos y con los escritos de los demás para que nos enriquezcamos unos a otros. Siéntanse libres de publicar y comentar. Les ruego, sin embargo que lo hagan con el respeto y la cultura que distingue a un buen lector y escritor natural.



“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



miércoles, 21 de octubre de 2015

DEBUT Y DESPEDIDA: otro cuento de mi libro Esa obstinada costumbre de morir

DEBUT Y DESPEDIDA
            Mientras César escucha un bolero gris que habla de amores infames, sale de la ducha y se cepilla los dientes, cosa necesaria aunque prosaica si las hay, piensa. Hoy formará parte del jurado en un caso de homicidio múltiple. Es su primera vez, su debut. Se juzga importante como cola de pavo real desplegada: la vida de un hombre depende de él. Y su mujer le dijo que está orgullosa.
          Anoche ella le preparó su traje, la mejor camisa, su única corbata, las medias; no olvidó lustrar los zapatos. Él tiene todo bajo control.
            El caso está impregnado de misterio y locura: un hombre (al que considera inocente hasta que le prueben lo contrario) parece haber matado a su esposa, su suegra, sus tres hijas e intentó suicidarse bebiendo un litro de detergente concentrado.. Obviamente no lo logró porque hoy estará en el estrado como acusado.
            César, jurado novel frente a un caso tan complejo, está decidido a ser absolutamente imparcial y objetivo, aunque bien sabe que él mismo ha evadido siempre las responsabilidad: salvó su pellejo varias veces después de matar las indeseables  mascotas de sus vecinos, acelerar la muerte de un padre iracundo con cloruro de potasio y dejar sin vida a la última prostituta con la que estuvo.
            Antes de vestirse toma la afeitadora…  ¡rota! Se pregunta por qué el mundo está en su contra, por qué nada es perfecto, por qué todo es al fin y al cabo una porquería… Se mira en el espejo y la barba de dos días le parece sucia, desprolija. No puede concurrir así al Tribunal. La ira lo empantana. Saca el revólver del estuche bajo la cama y pone una almohada sobre la cabeza de su mujer dormida, que se agita al tratar de liberarse. No hace a tiempo. Suena el disparo, junto con sus gritos: “¡¡¡Te dije que quiero tener siempre mi afeitadora nueva y  lista!!!”
            Minutos después se escucha la sirena policial.
            Lamenta que hoy no tendrá el honor de juzgar al homicida múltiple.  Pronto él será el acusado.







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Escritura

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