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“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



domingo, 8 de febrero de 2015

Vietnam: país incomparable


Vietnam: país incomparable
Autor José Luis Herce

Las impresiones de mi viaje por Vietnam me han estado acompañando por toda una diversidad de países: Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia, Singapur, etc. pero es solo hasta ahora que la musa se ha dignado sentarse conmigo para lograr transcribir algunas de mis últimas experiencias en ese fascinante país.

Desde hace varios años estoy convencido que he tenido una suerte inmensa en el transcurso de mi vida. Si ahora me refiriese únicamente a los viajes que he podido emprender y los países que he podido visitar, entonces debería decir no solo que he tenido muy buena suerte, sino que he sido un ser particularmente privilegiado.

Acabo de regresar de Vietnam, país que me ha marcado profundamente por su gente, su historia, sus paisajes, su excelente comida, los múltiples colores que parecieran jugar con las condiciones climáticas para acentuar aun más su belleza y la de sus habitantes, por no citar sino algunos de los aspectos que pretendo describir.

Tendría en primer lugar que reconocer la dificultad para encontrar las palabras y las frases más adecuadas para intentar presentar a esa gente tan sonriente, hospitalaria, amable y al mismo tiempo quizás un poco tímida, sin que nosotros, los extranjeros, sepamos exactamente en donde se encuentra la frontera entre lo que aparece en un diccionario de una lengua occidental como timidez, y el respeto que tienen los vietnamitas por la persona. Esta frontera quizás resulte aun más difícil de definir si el extranjero no proviene de alguno de los países asiáticos. Y será aun más complicado hacerlo si ese extranjero es natural de un país que se encuentra a una distancia de Vietnam que sería equivalente al tamaño de dos continentes. Ir de México a Vietnam implica un viaje de más de 30 horas de avión: atravesar el océano Pacífico para ir de nuestro país a Vietnam equivale a un mayor tiempo del que nos llevaría cruzar de sur a norte dos continentes del tamaño de Africa.

Durante mis años pasados en Francia cayó en mis manos un libro extraordinario que llevaba como título “Cuando la China se despierte…” Su autor profetizaba el crecimiento espectacular de China, especialmente en las dos últimas décadas. Con frecuencia en los seminarios en los que participo debo abordar el crecimiento industrial en China y suelo comenzar pidiendo al público que cuando regrese a su casa observe la cantidad de productos que vienen precisamente de ese país: van desde juguetes hasta comida, pasando por aparatos eléctricos, bebidas alcohólicas, porcelana, ropa, electrodomésticos, aparatos electrónicos, etc. El mismo autor del libro que menciono escribió algunos años más tarde una segunda parte de su libro que lleva por título: “China ya despertó…”

Creo que podría escribir un libro similar acerca de Vietnam. Las habilidades, la seriedad, voluntad y capacidad de trabajo de los vietnamitas me sorprendieron. Resultaba muy difícil imaginar que se encontrasen a tan elevado nivel.

Se trata de un pueblo que pareciese haber encontrado un equilibrio casi perfecto entre el trabajo y las relaciones familiares. Los niños vietnamitas podrían contarse entre los más felices del mundo, lo que quizás podría atribuirse principalmente a una convivencia familiar muy sana entre los diferentes miembros de la familia y a las continuas expresiones de cariño de los padres hacia los hijos. Se tiene la impresión de que esos pequeños aprendiesen, desde la más tierna edad, a sonreír y a mostrar con su sonrisa la bienvenida que nos ofrece ese pueblo tan excepcional que es el vietnamita.
Cuando se observa con detenimiento a los hombres y mujeres de Vietnam puede confirmarse  que en su mayoría son delgados y sobretodo pequeños. Si se les compara en especial con los pueblos del norte de Europa o de Canadá y los Estados Unidos, algunas preguntas comenzarán de inmediato a asaltar la mente del observador: ¿cómo es posible que estos individuos tan amables y sonrientes, tan pequeños, tan delgados que parecieran sufrir de problemas de nutrición, con una industria a nivel de país tan elemental, que empleaban las bicicletas como medio de transporte más generalizado, pudiesen haber pasado por tantos y tantos años de guerra, y que además se hubiesen permitido el lujo de derrotar a una de las potencias militares mas importantes del planeta como lo era Francia?

Algunos años después se convirtieron en el primer país de la tierra que derrota y arroja fuera de su territorio a la superpotencia militar e industrial número uno en el mundo: los Estados Unidos. Y como si fuese poco, todavía algunos años más tarde lograron detener en la frontera común al enemigo tradicional que los había ocupado en la antigüedad durante mil años: China.

Los vietnamitas pudieron frenar a los chinos que pretendían invadirlos. Se trataba de una  represalia por la lucha emprendida por Vietnam para liberar a Cambodia de uno de los individuos más siniestros que ha producido la humanidad, comparable solo con Stalin o Hitler: Pol Poth.

Resulta curioso observar la modestia del pueblo vietnamita cuando el extranjero pretende tratar de discutir con ellos sobre esos temas. La sonrisa de los vietnamitas será la primera respuesta, y nos dejarán aun más boquiabiertos al constatar que una y otra vez nos repetirán que se trata “tan solo” de poseer una voluntad suficiente para poder vencer las bombas, los aviones y las armas químicas.

Esa voluntad solo puede estar forjada con el acero más resistente que uno pueda imaginar. No se trataba solo de bombas y de armas químicas, debieron además sobreponerse al sufrimiento, al hambre, a las enfermedades y a todas las innumerables penurias por las que tuvieron que atravesar por todos esos años de una guerra que parecía interminable.

Habría que rendir un homenaje muy especial a la mujer vietnamita por su temple. Se trata de algo único, exclusivo, que llevan esas mujeres consigo como una parte de su naturaleza. Y al mismo tiempo saben llevarlo a la par de su encantadora feminidad.

La sutil y sencilla belleza de la mujer de Vietnam, al unirse a su dulce sonrisa, hace que el hombre occidental se encuentre sin defensa alguna ante ese conjunto de gracia y encanto.

Soy un verdadero admirador de la belleza femenina. Por los países que me toca recorrer suelo llevar a cabo una sencilla evaluación para poder calificar a las mujeres del lugar en una escala de belleza muy particular y propia de mis gustos personales.

La prueba consiste en empezar a contar el número de mujeres, a partir de 14 años hasta las ya mayores, que se cruzan en mi camino. Solo me detengo en la cuenta cuando aparece ante mis ojos una que me llama la atención en particular y a la que puedo atribuirle el calificativo de  mujer bonita. En algunos países no requiero llegar a la primera decena de mi cuenta, mientras que en otros he podido llegar a la primera centena sin encontrar a la mujer que puedo calificar, por supuesto con mi gusto muy personal, como bonita. En Vietnam encontré muy rápidamente que las mujeres eran muy atractivas.

¿Cómo poder describir a la mujer vietnamita? Quizás no tendrá las cualidades de belleza que el mundo en general suele conceder a la mujer francesa por ejemplo, pero la supera a ésta, y por mucho, en cuanto a lo que se refiere a gracia, dulzura y, sobretodo, en feminidad.

Tanto mujeres como hombres se desplazan en esos incontables vehículos de dos ruedas y que llamaríamos bicicletas, motonetas, motocicletas, etc. de todos los tamaños, formas y cilindrajes posibles e imaginables. Son tantos estos “vehículos” que cruzar las calles constituye una verdadera aventura en las ciudades vietnamitas. Con frecuencia no es posible contar siquiera con la ayuda de los semáforos que tanto maldecimos los conductores del mundo occidental, por su inevitable presencia en nuestras calles y en especial por su número.

En Vietnam uno debe aprender con relativa rapidez a cruzar las calles en las ciudades. No es posible hacerlo como en cualquier otra parte del planeta. Para poder pasar a la acera opuesta resulta casi imprescindible hacerlo junto con un vietnamita. Es la manera de aprovechar su “know how” para poder así esquivar el número que pareciera ser infinito de motocicletas que se encuentran circulando a toda hora del día y buena parte de la noche.

Esos vehículos de dos ruedas provienen de tres países en especial: Japón, Rusia y China. Por supuesto las motocicletas japonesas son las favoritas, el “sueño japonés para los vietnamitas”. Las motocicletas rusas son por lo general de marca Mink, de apariencia muy sólida. Finalmente aparecen las motocicletas chinas: “el sueño japonés por fuera… pero por dentro… la realidad china”, suelen decir los vietnamitas haciendo gala de su fantástico sentido del humor.

Una de las principales, entre las múltiples atracciones de Vietnam, en especial para el extranjero occidental, la constituyen las jóvenes estudiantes de secundaria y preparatoria. Se caracterizan por llevar un uniforme, todo de una blancura impecable, que representa el vestido típico de las jóvenes estudiantes de bachillerato del país. Se trata de un vestido entallado en la parte superior pero holgado y abierto de la cintura hacia abajo y que se combina con un pantalón del mismo color.

Con frecuencia es posible observarlas desplazándose en bicicleta, llevando un sombrero cónico, hecho de paja y que no es otro que el sombrero tradicional que solemos ver en las películas o en las tarjetas postales del país.

Protegerse del sol es algo de suma importancia para la mujer vietnamita, muchos de los pueblos asiáticos consideran que la blancura de la piel es una de las más importantes características de la belleza femenina. El ver a estas jóvenes estudiantes, siempre acompañadas de su inseparable sonrisa, tanto en las ciudades grandes como las pequeñas, constituye un pasaje verdaderamente idílico.

Desde que aprendimos lo importante que era leer los periódicos, lo que para la gente de mi generación se remonta a los años cincuenta del siglo pasado, supimos que existía un país que se llamaba Vietnam y que se caracterizaba porque siempre estaba en guerra. Muchas de las trágicas fotografías que aparecían en los diarios y las revistas quedaron grabadas en la mente para muchos de nosotros.

Años después, cuando aprendíamos geografía e historia en la escuela, nos dimos cuenta del tamaño del país que se enfrentaba en su lucha por la libertad a las más grandes potencias vencedoras de la segunda guerra mundial, Francia y los Estados Unidos, sentimos de inmediato una enorme simpatía por él.

Quizás fue desde entonces que Vietnam es y será siempre uno de mis países predilectos.

1 comentario:

  1. Me gustó y me hizo recordar una vieja canción (de los sesentas)

    Canción de cuna
    Autor Dominio popular

    Don ding, don dang...
    que dulce es el acorde.
    Don ding, don dang...
    en que se lanza tu nombre

    Vietnam, Vietnam...
    muy recio para el combate;
    y mucho más para el dolor y el amor

    Llegó de tierras lejanas,
    el hombre que hiere y mata.
    Que quema tus arrozales
    y a tus hijos maltrata.
    Que ametralló en las montañas
    al hijo de tu regazo

    Ayyy, ay, ay, ay, ay, ayayyy
    ay, ay.

    Si el gringo está acá,
    que calamidad.
    El gringo es vergüenza
    de la humanidad.

    Si el gringo se va,
    feliz me verá;
    porque ahora en Vietnam
    viviremos en paz.

    Porque ahora en Vietnam
    viviremos en paz.
    Don ding, don dang...
    Vietnam

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Gracias por tu comentario. Lidia

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esa pluma que todos hubiéramos querido tener entre nuestros dedos