Escritosdemiuniverso

Este blog es como ese universo que construyo día a día, con mis escritos y con los escritos de los demás para que nos enriquezcamos unos a otros. Siéntanse libres de publicar y comentar. Les ruego, sin embargo que lo hagan con el respeto y la cultura que distingue a un buen lector y escritor natural.



“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



sábado, 30 de marzo de 2013

QUIÉN SOY


¿QUIEN SOY?

Soy mi propio espejo, una y otra vez, la multitud que he visto y la que me ha mirado, soy el horror ácido al ver mis demonios más ocultos y la risa al encontrarme con el payaso que también soy; me veo en los múltiples perfiles picassianos que me identifican y se confunden frente a los otros, como gatos enredados. Soy esa mirada dudosa de niña complaciente y el ceño fruncido de una anciana temerosa frente a la eternidad. Soy un murmullo de fastidio al ver con dolor lo que los otros niegan y una sonrisa serena que se quedó en la esperada despedida. Estoy en el centro dulce de mi intimidad y en el de mis multicolores diferencias. Soy el búho que le habla a la oscuridad y la alondra que trepa con el sol del desayuno; aunque me veo deforme y despareja en los tiempos y espacios que ocupo, me reconozco en todos porque me he visto y revisto de arriba, de abajo, de adentro y de afuera, de frente y de perfil, de negro y blanco, de picante y dulce; me he visto en el infierno doloroso y en el edén ingenuo…soy el centro libre de mi historia circular. Y aún así no sé verdaderamente quién soy, pues no he aparecido ante mí. Siempre estoy detrás de mí, mirando mis caras y creyendo por tiempo indefinido que soy ellas.
Lidia B. Castro Hernando

domingo, 24 de marzo de 2013

INSOMNIO


INSOMNIO
Las primeras luces naturales y todavía estás con los ojos abiertos. Nada ayuda: ni la leche caliente, ni la pastilla amarilla, ni el vaso de whisky, ni la película de Retro. El dos de oro rechaza tus párpados persianas y los posibles sueños. Las horas pasan lentas como siglos cuando todo está oscuro, y la primera línea clara que se forma sobre el parquet a las cinco de la madrugada, te augura otro día de bostezos y mal humor.
            Quisieras morir con la última campanada del día, ésa que marca el final de las veinticuatro horas, la del himno nacional por la radio; quisieras morir la muerte pequeña de cada noche.
            Pero hace meses que para vos, el descanso se convirtió en espera, en deseo, en falta, en algo desconocido o perdido.
            Todavía seguís con los ojos abiertos porque hace mucho que no los cerrás, lechuza humana.
            Tomás las treinta pastillas de Rohypnol con un vaso de agua y caés en brazos de un Morfeo eterno. Por fin vas a dormir. Tranquilo. Nadie va a despertarte.

jueves, 21 de marzo de 2013

EL ANZUELO


EL ANZUELO
            Lo llamo el cofre delator. Crea una escena del crimen en la que el ladrón potencial  es descubierto de inmediato.
            El cofre de cuero rojo y negro, permanece silencioso en un rincón de la habitación. Decenas de manos de amigos y no tanto, dejaron sus huellas en la diminuta manija que cuelga en la puertita ubicada en el frente.
            Como criminales, cuando quedan a solas, y cada uno a su tiempo, abren curiosos la puerta rebatible, sospechando tesoros escondidos por mí con avaricia. Mientras, a propósito, yo me quedo en una habitación cualquiera y alejada; entonces, son sorprendidos por la música de un vals vienés y un botellón de anís con cuatro copitas por todo valor.
            Es una de las acciones ambiguas que me ha permitido sentirme generosa: invariablemente todos se consideran menos perfectos de lo que creen, y juntos nos podemos reír de nuestra común humanidad.

domingo, 10 de marzo de 2013

ASESINOS AD HONOREM


ASESINOS AD HONOREM
Sólo dos personas estaban  serias y calladas en la tribuna. Sabían que el verdadero espectáculo no iba a ser, como decía el cartel, la presentación de una plataforma política conservadora más. Mientras los demás entonaban pulidos e inofensivos cánticos partidarios, el menor masticaba un chicle ansioso y ya viejo, manteniendo la mirada fija en la entrada al pequeño estadio. El otro, algunos años mayor y con experiencia en estas misiones, sostenía con su mano derecha, ya preparada, el arma con la que iba a asesinar al candidato.
El tiempo se alargaba para ellos mientras los gritos y cornetas pretendían convertir el asunto en una fiesta. Vestidos con elegante sencillez de marca para no llamar la atención, de vez en cuando lanzaban un grito mentiroso que los escondía un poco más.
El candidato entró rodeado de sus guardaespaldas saludando con los brazos en alto. Subió a la tribuna a pocos metros de ellos, y mientras recibía un ramo de flores de las Damas de Beneficencia, quedó sin protección por un momento. Era la ocasión. Mientras el más joven se ponía adelante para disimular y cubrir, el otro extrajo la pistola y apuntando con pericia, disparó un solo tiro que dio en la zona del corazón. Ya estaba hecho. No importaba nada más. Habían cumplido el contrato. Ahora, sólo restaba aprovechar el revuelo, esconderse entre la gente, escapar y recoger el dinero.
El ardor vengativo de la multitud no se los permitió: habían matado al futuro salvador de la patria; como animales feroces se lanzaron sobre el dúo pagado nadie sabía por quién. No interesaba. En apenas diez minutos cientos de personas acaudaladas, sobrias y cultas, destrozaron con salvajismo y a puntapiés, golpes de puño y navajazos suizos, a los dos delincuentes.
Incomprensiblemente, no solicitaron pago alguno por lo hecho.


Escritura

Escritura
esa pluma que todos hubiéramos querido tener entre nuestros dedos