Escritosdemiuniverso

Este blog es como ese universo que construyo día a día, con mis escritos y con los escritos de los demás para que nos enriquezcamos unos a otros. Siéntanse libres de publicar y comentar. Les ruego, sin embargo que lo hagan con el respeto y la cultura que distingue a un buen lector y escritor natural.



“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



sábado, 22 de diciembre de 2012

Es mi deseo que el año 2013 traiga paz, comprensión y mucho amor entre los seres humanos, que disminuya la violencia, aumente el respeto y la consideración hacia el otro, que transcurra con  Felicidad, Salud y Trabajo digno.
¡Feliz año! y…Gracias por acompañarme… siempre.
Lidia

UN REGALO PARA EL AÑO NUEVO


Los mejores 101 cuentos literarios de la historia (recomendados por escritores, críticos literarios, editores y lectores)

La lista de los mejores 101 cuentos literarios de la historia

Sin lugar a duda la historia de la literatura nos ha dado un arsenal infinito de obras maestras en formato chico (¡ojo, no menor!) que han pasado le lector en lector y de generación en generación conservando su efervescencia. Eso es, por otro lado, un clásico.  Si bien es cierto que toda “comparación” es engañosa (y odiosa), no podemos evitar vivir ordenando aquello que tanto nos gusta. Y si de ordenar se trata, aquí hemos seleccionado, con criterios más o menos justificables por los nombres de quienes los recomiendan, una La lista de los mejores 101 cuentos literarios de la historia para que puedas leer en formato digital. Ya se sabe, para ser un gran escritor es necesario ser un mejor lector. Manos a la obra y a leer ¿Recomendarías alguno?

Mejores cuentos de la historia


1. “Enoch Soams”, de Max Beerbohm (elogiado por Enrique Anderson Imbert en Así se escribe un cuento, Suma de Letras, 2003).
2. “Casa tomada”, de Julio Cortázar (elogiado por José Donoso en Así se escribe un cuento, Suma de Letras, 2003).
3. “Macario”, de Juan Rulfo (elogiado por José Donoso en Así se escribe un cuento, Suma de Letras, 2003).
4. “Las moscas”, de Horacio Quiroga (citado por Edelweis Serra en Tipología del cuento literario)
5. “Esa mujer”, de Rodolfo Walsh, elegido en una encuesta que Alfaguara le hizo a críticos literarios el mejor relato argentino del siglo XX.
6. “La casa inundada”, de Felisberto Hernández (uno de los cuentos preferido de Julio Cortázar)
7. “Vivir para siempre”, de James George Fraser (seleccionado por Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo en Antología de literatura fantástica).
8. “Regreso a Babilonia”, de Francis Scott Fitgerald, elogiado por Harold Bloom en Cuentos y cuentistas.
9. “La barrica de amontillado”, de Edgar Allan Poe, seleccionado vía email por el crítico literario Manuel Simón Viola.
10. “El nadador”, de John Cheever, seleccionado vía email por la escritora Paloma González Rubio.
11. “El Aleph”, de Jorge Luis Borges, seleccionado vía email por Eloy M. Cebrián.
12. “El cuentista”, de Saki, seleccionado vía email por Pilar Galán.
13. “Ajedrez”, de Kjell Askildsen, seleccionado por Antonio Sánchez, propietario de la Librería El Buscón (Cáceres).
14. “El gesto de la muerte”, de Jean Cocteau, seleccionado por María Carvajal.
15. “Los pocillos”, de Mario Benedetti, seleccionado por Elías Moro.
16. ”La noche de los feos”, de Mario Benedetti, seleccionado por José Rincón.
17. ”La compuerta número 12″, de Baldomero Lillo, seleccionado por Francisco Rodríguez Criado.
18. ”Una muchacha que cae”, de Dino Buzzati, seleccionado por Mely Rodríguez Salgado.
19. ”Aceite de perro”, de Ambrose Bierce, seleccionado por Víctor M. Jiménez Andrada.
29. ”El miedo”, de Ramón del Valle-Inclán, seleccionado por José María Ávila Román.
21. ”Los relojes”, de Ana María Matute, seleccionado por Manuel J. Prieto.
22. “El chiquitín”, de Luigi Malerba, seleccionado y comentado por Blanca Ballester.
23. ”Nacido de hombre y mujer”, de Richard B. Matheson, seleccionado por Miguel Díez R.
24. ”El diario de Porfiria Bernal”, de Silvina Ocampo, seleccionado por Sergi Hernández Arroyelo.
25. ”La tercera orilla del río”, de João Guimarães Rosa, seleccionado, traducido y comentado por Paz Díez Taboada.
26. ”El recado”, de Elena Poniatowska, recomendado por Victoria Pelayo.
27. ”El corazón delator”, de Edgar Allan Poe, recomendado por Juan Fernando Sánchez.
28. ”El río”, de Flannery O’Connor , recomendado por Javier Alonso Sandoica.
29. ”El pozo”, de Luis Mateo Díez, recomendado por Mari Paz Ruiz.
30. ”Rock Springs”, de Richard Ford, recomendado por Juan Carlos Márquez.
31. ”Instrucciones-ejemplos sobre la forma de tener miedo”, de Julio Cortázar, recomendado por José Antonio Fernández.
32. ”Ligeia”, de Edgar Allan Poe, recomendado por Rosa Isabel Vázquez.
33. ”Los gallinazos sin plumas”, de Julio Ramón Ribeyro, recomendado por Juan Ramón Santos.
34. ”La leche de la muerte”, de Marguerite Yourcenar, recomendado por Francisco Montero.
35. ”El hombre que maté”, de Tim O´Brien, recomendado por David Fernández Villarroel.
36. ”La noche boca arriba”, de Julio Cortázar, recomendado por Santiago Roncangliolo.
37. ”En memoria de Paulina”, de Adolfo Bioy Casares, elogiado por Mempo Giardinelli en Así se escribe un cuento.
38: ”Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar, recomendado por Antón Castro.
39: ”Mi hijo el asesino”, de Bernard Malamud, recomendado y comentado por Jaime Díez Álvarez.
40: ”Mi asiento en el tranvía”, de Daniel Sueiro, recomendado por Fernando Valls.
41: ”Bolsas”, de Raymond Carver, recomendado e introducido por Ana Mª Morales Malmierca.
42: ”El viejo en el puente”de Ernest Hemingway, recomendado por César González Rubio.
43: ”Catedral”, de Raymond Carver, recomendado por Román Piña.
44: ”Un hombre muerto a puntapiés”, de Pablo Palacio, recomendado por Cristiam Hervas.
45: ”Un día resbaladizo”, de Carlos Castán, recomendado por Juan Jacinto Muñoz Rengel.
46: ”¿Cuánta tierra necesita un hombre”, de León Tóltoi, recomendado por Fran Álvarez Paniagua.
47: ”El dueño del canon”, de José Urriola, recomendado por Violeta Rojo.
48: ”Embargo”, de José Saramago, recomendado por Álvaro Martí Martín.
49: ”Tráeme tu amor”, de Charles Bukowski, recomendado por la Librería Todolibros (Cáceres).
50: ”Una mujer amaestrada”, de Juan José Arreola, recomendada por Ana María Shua.
51: ”Funes el memorioso”, de Jorge Luis Borges, recomendado por Mario Cuenca.
52: ”La niña que no tuve”, de Rodrigo Rey Rosa, recomendado por Julián Rodríguez.
53: ”Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, de Jorge Luis Borges, recomendado por Fernando Marías.
54: ”Cordero asado”, de Roald Dahl, recomendado por César Klauer.
55: ”Bibelot”, de Félix J. Palma, recomendado por Fernando Alcalá.
56: ”Los cantores rusos”, de Iván Turguenev, recomendado por Pablo Gonz.
57: ”El otro hombre”, de Miguel Delibes, recomendado por Pilar Fernández Bravo.
58: “¡Diles que no me maten!”, de Juan Rulfo, recomendado por Puri Claver.
59: ”El estudiante”, de Antón Chéjov, que Chéjov consideraba el mejor de los suyos.
60: ”Las ruinas circulares”, de Jorge Luis Borges, considerado por María Kodama, viuda del autor argentino, su cuento preferido.
61: ”Perdiendo velocidad”, de Samantha Schweblin, recomendado por Urbano Pérez Sánchez.
62: ”El juego”, de Patricia Esteban Erlés, recomendado por Rocío Romero.
63: ”La señorita Cora”, de Julio Cortázar, recomendado por Mercedes Cebrián.
64: ”Las actas del juicio”, de Ricardo Piglia, elegido en una encuesta que Alfaguara le hizo a críticos literarios el decimoquinto mejor relato argentino del siglo XX.
65: ”El muerto”, de Jorge Luis Borges, considerado por María Kodama, viuda del autor argentino, uno de sus cuentos preferidos.
66: ”La casa Tellier”, de Guy de Maupassant, elogiado por Harold Bloom.
67: ”Noli me tangere”, de Pilar Adón, elegido por Mari Ángeles Pedrera Pedrera.
68: ”El jorobadito”, de Roberto Arlt, elegido en una encuesta que Alfaguara le hizo a críticos literarios el quinto mejor relato argentino del siglo XX.
69: ”Aquí empieza nuestra historia”, de Tobias Wolff, elogiado por José María Guelbenzu como ”el mejor relato jamás escrito sobre el tema de la iniciación a la escritura”.
70: ”Las lunas de Júpiter”, de Alice Munro, recomendado por Antonio Muñoz Molina.
71: “La madre de Ernesto”, de Abelardo Castillo, elegido en una encuesta que Alfaguara le hizo a críticos literarios el noveno mejor relato argentino del siglo XX.
72: ”El cavaco”, de Miguel Torga (pseudónimo de Adolfo Correia de Rocha), recomendado por Eugenia Arambarri.
73: ”El árbol”, de Slawomir Mrozek, recomendado por Jesús M. García.
74: ”Los siete mensajeros”, de Dino Buzzatti, recomendado por Luis Bonaventura.
75: ”La casa de muñecas”, de Katherine Mansfield, recomendado por Gabriela Conde.
76: ”Los trenes de los muertos”, de Sara Gallardo, recomendado por Mª Ángeles Barón Peña.
77: ”La niña”, de Ronald Barthelme, recomendado por Luis Sepúlveda Garcés.
78: ”El beso”, de Hjalmar Söderberg, recomendado por Victoria Solana.
79: ”La princesa y el enano”, de Oscar Wilde, recomendado por Sucede.
80: ”Veintisiete [“Un señor que poseía un caballo”, de Giorgio Manganelli, recomendado por Marisa Bernabé, editora Junior de Temas de Hoy.
81: ”Levitación”, de Joseph P. Brenan, recomendado por José Jiménez Oliva.
82: ”En Semana Santa”, de Emilia Pardo Bazán, recomendado por Antonio Barnés.
83: ”Young Sánchez”, de Ignacio Aldecoa, recomendado por José Luis Ibáñez Salas.
84: ”El lobo”, de Herman Hesse, recomendado por Fernando Arístide  Recondo.
85: ”Mientras ella duerme”, de Norberto Luis Romero, recomendado por Jesús Esnaola Moraza.
86: ”Mesa para dos”, de Lori Peikoff, recomendado por Alejandro Pérez de la Torrente.
87: ”El hombre de la arena”, de E.T.A. Hoffman, elogiado por José María Merino.
88: ”Consecuencias”, de Rosalba Campra, recomendado por Norberto Luis Romero.
89: ”El prodigioso milagramo”, de Juan José Arreola, citado por Edelweis Sierra en Tipología del cuento literario.
90: ”La mujer de otro”, de Abelardo Castillo, recomendado por Elise Reina.
91: ”Muchacha punk”, de Rodolfo Fogwill. En la encuesta que Alfaguara le hizo a críticos literarios y escritores para preguntarles cuál había sido en su opinión el mejor relato argentino del siglo XX, este relato quedó en la posición número 12.
92: ”El desaparecido”, de Julio Llamazares, seleccionado por Amelia Coll Vilar.
93: ”Caballo en el salitral”, de Antonio Di Benedetto, elegido en una encuesta realizada por Alfaguara el decimotercero mejor relato argentino del siglo XX.
94: ”Los largos años”, de Ray Bradbury, seleccionado por Antonio Ruiz Orallo.
94. ”El matadero”, de Esteban Echevarría. En la encuesta que Alfaguara le hizo a críticos literarios y escritores para preguntarles cuál había sido en su opinión el mejor relato argentino del siglo XX, este relato quedó en la séptima posición.
95. ”Sopa de pescado”, de Francisco Rodríguez Criado, recomendado por Ángela Velasco Bello.
96. ”Don Paciano”, de Ramón Pérez de Ayala, recomendado por David Fernández Sifres.
97. “A la deriva”, de Horacio Quiroga. En una encuesta que Alfaguara le hizo a críticos literarios para que eligieran el mejor relato argentino del siglo XX, este cuento quedó en la octava posición.
98. “El espejo y la máscara”, de Jorge Luis Borges, elegido por Fernando Iwasaki como uno de sus cuentos preferidos en un especial que Babelia dedicó al género del cuento en el verano de 2010.
99. “Tres tres jinetes del Apocalipsis” de de G.K. Chesterton, elogiado por Miguel García Verdecia.
100. “Cartas de mamá”, de Julio Cortázar, elogiado por Juan Gabriel Vásquez.
101. “Los asesinos”, de Ernest Hemingway, seleccionado por Diego Muñoz Valenzuela.

viernes, 7 de diciembre de 2012

LOS UNOS Y LOS OTROS


LOS UNOS Y LOS OTROS

No siempre, pero a veces amanecen a mi lado. Con la persiana baja, el dormitorio a oscuras, mis piernas mareadas entre las sábanas y frazadas, mi cabeza aparecida no sé cómo a los pies de la cama, siento una punzada en el omóplato. Me asusto. Estoy fumando demasiado. Hoy dejo. Y en cámara lenta voy estirándome. Soy un oso que sale de invernar. Cómo me duele. Voy a tener que ir al médico.

Amo la oscuridad. Mi casa siempre en penumbras, cueva protectora, donde no llegan las malas influencias ni los trabajos secretos ni las creencias ajenas. Me incorporo y ciega, busco con los pies las chinelas, oigo el salto de mi gata que se prepara a seguirme como todos los días al baño. Mientras me lavo la cara y me cepillo los dientes, juega con la cadenita que cuelga del bidet. Salgo y camino hasta la cocina, busco a tientas los fósforos y prendo la hornalla. La primera luz. Los ojos perezosos se me abren como ante el fogonazo de un arma. Me encandila y los vuelvo a cerrar. Lleno la pava y preparo la taza, las tostadas que saco de la lata y apoyo en el plato, siempre esperándolas en el mismo lugar de la mesada, saco el queso blanco y la leche de la heladera, un cuchillo para untar, la cucharita con la que sirvo el café instantáneo. Todo está siempre en su lugar para mis manos antenas.

No quiero ver la luz. La luz me molesta, me lastima, me ciega; siempre, en casa, en la calle, de día, de noche. Después del desayuno, voy al living y ya no hay caso; a pesar de las cortinas bajas, las pupilas ven párpados grises con pintitas amarillas y rojas. No tengo más remedio que despertarme bien. Y sin embargo, todavía no los abro. No quiero.

Voy al dormitorio a arreglar la cama y ahí, tanteando, los encuentro filosos, impecables, en el lugar donde media hora antes dormía mi espalda. Acostumbrándome sin querer a la luz del día subo la persiana al tiempo que, como en un rito doloroso de iniciación, voy abriendo los párpados. Alta en el cielo. Ahora sé que el dolor eran ellos, los malditos anteojos que quedaron nadando entre las sábanas cuando me dormí.

Son impredecibles, parecen animados por un afán demoníaco por esconderse haciéndome la vida insoportable. Nunca están donde los dejé. Se escapan, me burlan, me hostigan. Les grito, los insulto y maldigo la hora en que los adopté hace cincuenta y dos años. Y no son ellos, los de ver televisión a la noche, los únicos. La casa está poblada. Somos yo, mi gata y nueve pares de esos condenados subversivos: los de lejos para todos los días, los bifocales para salir a la calle, bien oscuros; los de cerca para diario, los bifocales para estar en casa, los de lejos de color azul, los verdes (según la ropa que use), los de cerca pitucos para ocasiones especiales, los de media distancia para la compu; algunos más de sol sin recetar que no cuento, y que uso cuando no me interesa lo que hay para ver; sólo protegerme. Supuestamente, tendrían que estar bien quietitos en una caja que les compré, al lado del sillón del living, siempre listos como boy-scouts. Pero todos y cada uno, a su estilo, se empeñan en hacerme la vida imposible. Miento: los que tengo para tocar el piano o son obedientes o les gusta estar sobre las teclas. Me obligo a pensar que no son malos, y como si hubiese estado contando hasta cincuenta con el brazo apoyado en el árbol de la vereda, salgo a cazar. Para eso sí la mayoría de las veces tengo que abrir los ojos aunque los encuentro más rápido si recorro de memoria los pasos que di en las últimas horas. A algunos los atrapo entre papeles o adentro del lavarropas, a otros menos rápidos les corto la retirada con mis zapatos y los más tontos aparecen cuando me siento en el sofá, cansada del juego, y los aplasto con mi humanidad. Los agarré, digo, y trato de enderezarlos. Hay que poner mano dura con los rebeldes.

Me doy cuenta de que no los cuido lo suficiente. Cada tanto los dejo olvidados en mi mesa del bar, pero sé que me quieren. Y aunque no les dé el gusto de decírselos, yo también. Tito siempre me los guarda y vuelven a casa conmigo. Lo cierto es que con los años les di mucho poder. Tengo que cortar la dependencia mutua, dejarnos libres. Puedo hacer casi todo con los ojos cerrados por eso prefiero andar así la mayor parte del día. Salgo poco. Pero nadie es imprescindible, ni ellos ni yo.

martes, 6 de noviembre de 2012

CRISTAL DE BACARAT



            Viernes. Cena familiar. Alrededor de la mesa se sientan como siempre el abuelo en la cabecera, al lado la abuela y le sigue, mezclados, los dos nietos y la hija con su esposo y el hijo con su pareja.     

Ocho personas de rostro sin gesto, silenciosos, a los que no escucho masticar, ni siquiera rozar los cubiertos al cortar la comida invariada de los viernes: antipasto, pollo y papas al horno, flan.

            La mucama, que ha aprendido los usos y costumbres de la casa, aparece y desaparece de mi vista, casi en puntas de pies, dejando los platos servidos ante cada uno. Los niños amaestrados, parecen muñecos; no sonríen, no se guiñan, no esconden porque no tienen nada que ocultar. Han asimilado lo que es callar durante una hora.           

            Desde hace muchos años me ha llamado la atención no oír comentarios acerca de temas cotidianos. Yo aquí, en una mesa de apoyo con incrustaciones de nácar, y como todos los viernes, con seis cuadrados de papel con nombres de adultos.

            Termina la cena. Ahora viene la palabra de la abuela: --Mercedes, traé la caramelera, por favor.

            La mucama sabe que soy delicada, pesada y temida. Me coloca en el    centro el nieto mayor de 15, su madre y su padre (hijo primogénito), la niña de 10, su padre y su esposa, hija menor de la estirpe.

de la mesa y como siempre, la niña menor saca mi tapa y un papelito. Y dice simplemente: ---Abuelo.

      Es la persona que el sábado visitará, obligado, a su segundo hijo en la cárcel de por vida, por asesino.

      Mercedes vuelve a colocarme sobre la mesita y durante los siguientes seis días podré escuchar cantar en la cocina, el ir y venir de los que habitan la casa, la música que proviene de la habitación de descanso, y esas conversaciones cotidianas que supongo rellenan todos los hogares comunes y corrientes

 

VIDA COMPARTIDA



            No quiero que suene el timbre del teléfono, no deseo que nadie -fuera de este mundo de dos personas y una gata- rompa el hechizo del día. Sólo el reloj me recuerda que se está transformando en noche y que no se pueden encadenar las horas. Fatalmente el amanecer, el desayuno y las tareas despertarán al teléfono y ambos saldremos, dejándonos un beso caliente en la boca y llevándonos un hasta luego en los bolsillos.

sábado, 3 de noviembre de 2012

EL 13


El 13

Al límite de la desesperación y habiéndose quedado ya con sólo una ficha, estaba parada frente a la mesa de ruleta, escuchando el ruido espantoso de su corazón a punto de explotar.

El médico le había dicho que no debía exponerse a situaciones emocionales fuertes. Puso la ficha sobre el número 13. Un minuto de suspenso se le hizo largo como toda su vida, y la bola paró en el 14.

Su corazón dejó de latir: ya no tenía nada que perder.

jueves, 25 de octubre de 2012

NIEBLA EN LOS DEDOS


NIEBLA EN LOS DEDOS

            Todos se atropellan en esa nube densa que ha bajado hasta las veredas. La cosa fue repentina. Ninguno estaba preparado: se resbalan, se caen.

            Él salió a caminar como todas las tardes por la costa. Los escucha gritar, lo golpean mientras corren, y lo desestabilizan un poco, sólo un poco. Qué extraño a esta hora, tanto chico llamando a su madre. Lo usual es que esas voces ruidosas olviden por un rato que son propiedad de adultos que toman mate y comentan las últimas noticias. No, hoy todos los chicos buscan a sus dueños con voces desesperadas.

            Demasiadas personas pasan a contramano. Un nudo en la garganta lo sorprende. Decide detenerse. Se sienta en la piedra, el perro echado a su lado. ¿Me lloran los ojos? Esto lo desconcierta. Se saca un guante y pasa sus dedos por las mejillas. Sí, tengo la cara mojada, ¿a ver? Lame discretamente los dedos: son lágrimas dulces. No puede ser. Pero siente los dedos húmedos, pegajosos.

            Si él viera, se daría cuenta de que aún así no puede ver nada, porque la niebla densa es así.

Pero toda su vida fue una nube oscura.

sábado, 6 de octubre de 2012

UN MUNDO DE CRISTAL


MUNDO DE CRISTAL
            No incurriré en la inmodestia de decir que es difícil sintetizar el comienzo de la historia de Felisa: un padre marino mercante hundido con su barco, al que nunca llegó a conocer; criada por dos tías abuelas, solteronas de doble apellido y de más de 90 años, que la tomaron a su cargo el día en que nació, el mismo en que su madre dejó de existir. A esta huérfana no le hicieron faltar nada, la rodearon de cariño y también de encierro y oscuridad. Temerosas del afuera, Felisa solamente salía de esa mansión bicentenaria en Lomas de Zamora para ir a la escuela y al colegio de monjas, siempre acompañada de una niñera o una gobernanta en el automóvil con chófer de gorra. Jamás la dejaron participar de fiestas o reuniones de adolescentes, ni permitían que ella invitara. Sólo el temor a lo desconocido evitó, lamentablemente para ella, que la enviaran a estudiar a un internado en Suiza.
            Esa vieja y hermosa casona de diez habitaciones prolijas, siempre lista, (aunque no invitaban a nadie a quedarse, si es que alguien venía alguna vez de visita) estaba plagada de espejos esmerilados, obras de arte originales e invaluables, vitrinas con vajilla y loza inglesa, muebles con incrustaciones de nácar, jarrones de la dinastía Ming,  arañas de cristal, mantelería y  blanco de hilo, bordados a mano, de origen veneciano. Todo lo mejor en un silencio sin turbación, casi sagrado. La música era para ellas, mensaje de Satanás.
            Las tías bordaban y eran Damas de Beneficencia. Mantenían la cotidianeidad  como  reinas  de  un  castillo  inexpugnable. Las comidas eran puntuales, los hábitos inconmovibles, las conversaciones superficiales sin interrupciones molestas ni altibajos en la voz. Cada cosa en un lugar preciso y conocido. Felisa podía, desde muy niña, caminar de noche por toda la casa sin tropezarse con nada, porque no se permitían cambios.
            Hasta que una tarde, en el cumpleaños número dieciocho de Felisa, golpearon con el llamador a  la puerta de entrada; la mucama abrió y se extrañó de no ver a nadie allí. Sin embargo, como un tornado entró un cachorro de gran danés, con un gran moño rosa en el cuello.
            En un día de persecución, las seis mujeres y el chófer se darían cuenta de que el mundo mantenido por ellas durante ochenta años era en realidad de cristal. Nunca supieron quién había hecho el regalo que destruyó en 15 minutos lo que parecía eternamente igual a sí mismo. Aunque intentaron, no hubo manera de que Felisa se despegara de él nunca más. Las tías murieron del corazón al mismo tiempo, dos semanas después, incapaces de soportar el caos.

martes, 18 de septiembre de 2012

UNO MÁS UNO, UNO

UNO MÁS UNO, UNO
Como es la primera vez que venimos, lo vamos a poner al tanto. No sabemos cuándo y si alguna vez nos conocimos. Todos los recuerdos son nuestros recuerdos, los olvidos, también. Sabernos juntos: eso es lo bueno. Los demás no comprenden esta relación; les causa gracia que estornudemos a un tiempo o vayamos al baño en el mismo momento de la cena de los sábados.
Por suerte para ambos y desgracia de su bolsillo, una sola historia clínica alcanza, lo mismo que un correo electrónico: no nos interesa quién figura primero antes del @. Nos sentamos uno sobre otro frente a la computadora, escuchamos el mp3 con un audífono cada uno, mantenemos una cuenta de ahorro conjunta, dormimos y usted sabe…uno arriba del otro en la cama, nos enjabonamos uno al otro bajo la ducha, compartimos el jacuzzi. Trabajamos,
vamos a bailar, nos ocupamos de la casa, y un teléfono inalámbrico con dos auriculares nos permite hablar al unísono, igual que cuando cantamos. Comemos de la misma fuente y usamos inodoros, bidettes y lavatorios dobles en el baño. ¡Y… si no!
¿Y por qué se le ocurre que tendríamos que hacer algo por separado? No hace falta. Así nos sentimos completos. Nos amamos. Estar unidos es LA felicidad para nosotros. En el caso de que alguien nos sugiriera que intentásemos desarmar esto que tenemos, nos moriríamos. Es como un nudo, ¿vio? Y nos gusta estar así. Enlazados.

El nudo (de amor o de apriete) estuvo a punto de desatarse cuando el médico que escuchaba con pasmosa curiosidad al dúo, dijo:
—“Señora, lo lamento mucho pero usted está embarazada”.
Por primera vez deberían separar las historias clínicas. No lo dudaron ni un instante:
—“¿Cuándo puede hacernos el aborto, doctor? Decididamente no admitimos un tercero incluido.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

BORGES, LA LITERATURA COMO ALEGRÍA


El 24 de Agosto se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges (exactamente, 113 años).


Para homenajearlo, transcribimos algunas respuestas que dio en entrevistas, en las que aparecen facetas contrarias a los lugares comunes sobre Borges (el escritor distante, insensible, excesivamente racional, más bien deprimido y apocado):
PREGUNTA: Algunos lectores han encontrado sus relatos bastante fríos e impersonales, como los de algunos nuevos narradores franceses. ¿Es esa su intención?

RESPUESTA: No. (Con tristeza.) Si ha ocurrido eso, es sólo por torpeza. Porque sentí profundamente esos relatos. Los sentí tan profundamente que los conté... bien, usando símbolos extraños para que la gente no descubriera que son más o menos autobiográficos. Los relatos eran sobre mí, sobre mis experiencias personales. Supongo que es parte del apocamiento inglés, ¿no?

PREGUNTA: ¿Se puede planificar el estudio de la literatura en general, se pueden hacer programas para estudiar?

RESPUESTA: Es una actividad peligrosa, pero necesaria (...). He preferido enseñarles a mis estudiantes no la literatura inglesa –que ignoro– pero sí el amor de ciertos autores, o, mejor aún, de ciertas páginas, o, mejor aún, de ciertas líneas. Y con eso basta, me parece. Uno se enamora de una línea, después de una página, después del autor; bueno, ¿por qué no? Es un hermoso proceso.

PREGUNTA: Borges, ¿usted no comparte las torturas del acto creativo?

RESPUESTA: Montaigne escribió una frase tan eficaz como memorable: “No hago nada sin alegría”. Él se refería a la lectura, a que si encuentra un párrafo tortuoso en un libro, lo abandona, porque eso interrumpe la felicidad. Yo trasladaría la frase de Montaigne, y también una de mi hermana, Norah, al acto de escribir. Norah dice que la pintura es el arte de dar alegría. Para mí también la literatura es una forma de la alegría. Por eso me parece que Joyce fracasa con su Ulises. La felicidad no creo que necesite de lo que usted llama tortura.

Publicado por LibrosenRed. 

lunes, 3 de septiembre de 2012

CUESTIONES PRIVADAS



CUESTIONES PRIVADAS
            El golpeteo en el dormitorio de arriba es horrendo. Esa gente parece no tener hora. Durante el día se opaca detrás del ruido de las bocinas, las frenadas de los colectivos, los silbidos, los gritos de la gente, el viento y alguna música que viene de otros departamentos. Supongo que al menos aprovecharán los días de playa. Pero a la noche es insufrible. Las tormentas parecen excitarlos más. Me acuesto y cuando apago el televisor, el ritmo anuncia “DE NUEVO INSOMNIO”. Prendo la radio y me pongo los auriculares. Me quedo dormida pero sólo por unos minutos. Los golpes sobre mi cabeza me despiertan asustada y enojada. Me escondo debajo de la almohada y suenan, lejanos pero suenan. Es indecente. Yo nunca fui una pacata, pero esto es demasiado. La intimidad debe ser privada, no pública. Además mis nervios ya son alambres electrificados y las ojeras me llegan hasta los pies. Mañana mismo me voy a quejar al encargado. Ya pasaron dos meses y creo que es suficiente. Se acabó la fiesta, tórtolos.

            El encargado toca el timbre en el departamento que queda justo encima de Soledad. Nadie contesta. Usa la llave que los dueños le dejaron al terminar la temporada y entra. La ventana del dormitorio había quedado abierta.
            El viento está haciendo el amor con las cortinas.
           

viernes, 24 de agosto de 2012

DIA DEL LECTOR

Hoy se celebra por primera vez, el DÍA DEL LECTOR.
                                                  Les deseo un FELIZ DÍA 
y les propongo que dediquen un ratito a leer su libro preferido.

El Boletín Oficial fijó esa fecha como conmemorativa de la lectura. Se homenajea así también el natalicio de Jorge Luis Borges, quien alimentó esa pasión a lo largo de su vida y la transmitió en sus libros 
El 24 de agosto, declarado  Día del Lector
Se instituyó finalmente la fecha 24 de agosto como “Día del Lector”, en conmemoración y homenaje al día del natalicio del escritor argentino Jorge Luis Borges

jueves, 23 de agosto de 2012

PASEN Y VOTEN

Estoy participando en el concurso FictionNet de la Editorial Planeta. Me gustaría que pasaran, leyeran mi cuento y lo votaran si es que les agrada. 
El link que los llevará al mismo es el siguiente: 

http://www.fictioncity.net/talent/video/8605 


Gracias a todos mis amigos, desde ya

miércoles, 15 de agosto de 2012

LA DISCONFORME


La Disconforme (un libro inexistente aunque atractivo)
La disconformidad (Oposición, desunión, desacuerdo en los dictámenes o en las voluntades.RAE) es el tema en cuestión de esta novela de la escritora Medea Roja, recientemente fallecida. Es una obra evidentemente autobiográfica, cuya protagonista es una tal Risa Alegre, (en adelante RA) y que se editara por primera vez en 1976, cuando la autora ya tenía 56 años de edad. Ese sentimiento, que la mantenía en constante rebeldía con el mundo, motorizó su existencia durante noventa años; era tan fuerte en ella como puede haberlo sido el optimismo, la ilusión, el positivismo, la utopía, en un idealista. Sin embargo, RA se oponía y se rebelaba ante todo sin proponer nada.
Cualquiera sabe que los momentos felices son los más deseados aunque los más cortos. Risa-Medea tenía tanto material en sus crónicas de viajes acerca de todo lo que consideraba malo, incorrecto, destruible, decadente, ruinoso en el planeta, que era una línea negativa sin solución de continuidad, sin resuello, sin un punto y aparte.
Una novela de protesta individual, de desaliento y de escepticismo.
El corazón de este libro es lo que el lector deberá tomar como tarea a desentrañar. El enigma que plantea Medea Roja resulta ser una simple pregunta: ¿Se puede saber qué la hizo vivir hasta los noventa años, no pegarse un tiro y morir apaciblemente durante dormía?

lunes, 6 de agosto de 2012

AJEDREZ


AJEDREZ
“¡Salud!… ¡Felicidad!”. Esas palabras seguían resonando en su mente desde que ese hombre, amigo de su abuelo Tomás, levantara su copa de sidra, en el momento en que ella sopló sus doce velitas.
La fiesta  tan esperada se convirtió para Ángela en una nube oscura y triste.
¿Por qué estaba él ahí? No era amigo de la familia. Nunca lo había visto. El abuelito lo presentó como Satán, su rival de ajedrez. Lo odió desde que apareció, y no sabía bien si era por la corbata roja, el traje arrugado y con manchas, su peluquín mal colocado o sus uñas largas y sucias. Lo que sí sabía era que no debía estar en su fiesta.
Se acercó a él despacio, mirándolo fijamente. Tan fijamente que se asustó de sí misma. Su presentimiento le decía que ese hombre le ganaría al abuelo un juego mortal en pocos días.
Los demás reían, bailaban o comían torta sin darle importancia a lo que estaba ocurriendo.
El festejo terminó abruptamente cuando Ángela clavó el cuchillo de torta en el estómago del intruso. No iba a permitir que matara a nadie más como intuía que lo venía haciendo desde hacía mucho tiempo.
Al ver las manos ensangrentadas de su nieta, el corazón del abuelo no resistió. Había perdido la partida.

HA MUERTO HECTOR TIZÓN

Ayer hemos conocido la triste noticia de la muerte del escritor argentino Héctor Tizón a los ochenta y dos años de edad. En palabras de su colega literario Jorge Fernández, “fue nuestro Juan Rulfo, en el sentido de que desarrolló una literatura áspera. Era de calado profundo, relataba muy bien su ambiente, esos lugares de Jujuy, muy latinoamericanos. Lo hacía alejado del realismo mágico pero con un realismo seco, con una prosa muy ajustada, tan seca y a la vez tan envolvente”.
Héctor Tizón es el novelista de Jujuy (en la foto, un pueblo de esa provincia)
Héctor Tizón fue el novelista de Jujuy (en la foto, un pueblo de esa provincia argentina)
Había nacido en Salta pero se crió, precisamente, en Jujuy y, tras licenciarse en Derecho, ejerció la diplomacia en diversos países como México –donde trabaría amistad con el citado Juan Rulfo o con Augusto Monterroso- e Italia. También fue político, con una breve experiencia como Ministro de Gobierno, Justicia y Educación.
En 1976, se exilió en España, donde ejerció el periodismo y, de regreso a Argentina, colaboró con Alfonsín en la restauración de la democracia. Finalmente, retornó a su Jujuy natal para pasar sus últimos años. Entre los premios y honores que recibió, es imprescindible mencionar el de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, el “Gran Premio de Honor” de la Sociedad Argentina de Escritores o el del Fondo Nacional de las Artes.
La primera obra que publicó fue una recopilación de relatos breves titulada ‘A un costado de los rieles’ (1960). A ésta seguirían un buen número de novelas como ‘Fuego en Casabindo’, ‘Extraño y pálido fulgor’ o ‘La casa y el viento’, hasta llegar a su último libro, ‘Memorial de la Puna’.
Todos ellos son fruto de su particular concepción de la Literatura, que expresó en su autobiografía ‘El resplandor de la hoguera’: “La mayor parte de la literatura actual se hace con la literatura misma, con palabras y juegos de palabras, es decir, con nada. Yo prefiero contar otra vez las viejas historias, las que ya han sido contadas, semejantes a sí mismas en todo el mundo. Nunca lograremos contar algo que antes no se haya contado”. No en balde, “siempre decía que sus maestros fueron sus niñeras. De ellas aprendió a contar historias”, como recuerda Julia Saltzmann, responsable en Argentina de Alfaguara, la editorial que publicaba habitualmente sus obras. Es, en suma, Tizón una figura de verdad de las letras, de aquéllas que saben escribir cosas profundas con una forma simple.

martes, 31 de julio de 2012

A LA HORA SEÑALADA


A LA HORA SEÑALADA
            Entro después de seis años, a la casa de mi padre –fallecido hace un mes-. Espero el retorno al hogar familiar con melancolía y algo de intriga. Mi madre pasó hace diez años a una mejor vida.
            Una casa grande con olor a rancio me recibe después de abrir las cuatro llaves de la puerta de entrada. La añoranza se disipa rápidamente. Nada es lo que era: los muebles de estilo vasco se superponen, rayados; paredes descascaradas; sofás y sillas rotos; floreros vacíos y quebrados; cuadros de firma destrozados; arañas sin lamparitas y mucho, mucho polvo y mugre por el piso. Y sólo estaba en la sala y el comedor. Comienzo a sentir miedo del resto.
            Poder abrir los dormitorios, la cocina, el baño y la puerta que da a la escalera que va al piso superior, me lleva tres horas. Cada puerta, cuatro candados. Mi sospecha de psicosis alcohólica paranoica confirmada, en un  hombre de una inteligencia superior. ¡Qué desperdicio!, pienso.
            Abierto todo, el gran manojo de llaves mojadas por el llanto, decido entrar y ver con detenimiento el gran cuarto que llamaba “desván”, en el piso superior, y que siempre me fue vedado. Corroboro el famoso Síndrome de Diógenes Negativo y siento una pena inconmensurable. Sobre una mesa de sastre que perteneció a mi abuelo materno, cientos de relojes de todo tipo se amontonan.
            No puedo creer lo que veo. Todos y cada uno están funcionando. Pero todos y cada uno señalan una hora distinta. Es algo inconcebible para mí. Mi padre falta de su casa desde hace tres meses. Imposible que las cuerdas hayan durado tanto tiempo. Y sin embargo es así. Yo, una escéptica empedernida no puedo aceptar la magia y sin embargo…
            De la melancolía al rechazo, del rechazo al dolor, del dolor y la pena a la sorpresa y el recelo.
            Justo en el medio de la mesa, sobre todos los demás, el reloj de oro de cadena que perteneció a su padre: macizo y pesado, labrado con sus iniciales, hermoso, perfecto. Lo acaricio recordando mi niñez y regresa un algo de tenue alegría. Abro la tapa con mucho cuidado.
            Es el único que está detenido. Es el único que marca las 18.43 hs. momento exacto en que mi padre dejó por fin todo lo que no se pudo llevar a ningún lado.

miércoles, 18 de julio de 2012

"LO QUE VOS TE MERECÉS"


LO QUE VOS TE MERECÉS (de M. Aznar y C. Olmedo)  
Cualquier síntesis de una historia de amor puede ocupar sólo dos páginas. Describir vuelcos calientes del corazón, dulzuras que se escapan por la punta de los dedos, miradas que desnudan… tal vez un cuento largo. Agregar palabras esperadas y de pronto ausentes, gestos fastidiosos y llantos a escondidas, darían forma a una novela. Pero con o sin nostalgias, con el tiempo, la memoria de esa relación va acortándose cada vez más.
La cocina se había convertido en pocos meses de convivencia en el espacio más importante de la casa. Ahí charlaban de tonterías esenciales para ellos con un mate en la mano. Si eran secretos lo que compartían, se paraban cerca de la heladera como si el frío fuera a conservar mejor lo dicho. Cuando reían se acomodaban sobre la mesada abrazados para no desarmarse; la tristeza se calmaba más rápido si revolvían la sopa juntos.
Pasaron siglos de cuentas sin pagar, ceños fruncidos por falta de trabajo, cama fría y atardeceres de miradas distantes.
— ¿Vamos a dar una vuelta?— le propuso por undécima vez a su hombre.
Él, sin bajar el diario ni mirarla, repitió con evidente molestia lo de tantas tardes y noches. — ¿A ésta hora?—
Ella descubrió su propio fastidio nunca hablado. —Siempre me preguntás lo mismo. A vos no hay hora que te venga bien para salir conmigo—.
Ni bien lo dijo, alivio y miedo. La respuesta inevitable llegó como cachetada.
—Tenés razón—.
Entre ellos sólo quedaba un témpano gris. Empezó la milonga triste.
Sol-Do.
Él salió de viaje con un adiós pampa mía, en un barco carguero que recalaría en Australia durante un mes.
—A probar —dijo. —Por ahí salimos de esta malaria—.  No especificó.
Ella recibió la carta de manos del empleado. Ahí mismo en el correo, la abrió ansiosa. Primero reconoció los trazos. Se llevó el papel al pecho y lo respiró. Recién entonces, y frente a los demás en la fila, leyó en voz alta, sin lágrimas y sin vergüenza alguna,  la puñalada que llenaba la hoja.
Al salir del edificio con esa carta en la mano y las frases repitiéndosele dolorosas, empezó a caminar sin rumbo y llegó, casi involuntariamente, a la escollera frente al mar. No podía admitir la realidad de un adiós definitivo. Se acordó de todas aquellas palabras esclavas de emociones y de las sonrisas suspirosas vividas durante seis años. Prefirió guardar, por el momento, una imagen que, ya empezaba a darse cuenta, era ilusoria. Tiró la carta al agua y volvió como si nada a la casa a esperar que su Tony regresara del viaje. Le llevó muy poco tiempo aceptar la realidad. No dejaría que la abandonara. Se le iba a adelantar. Ella no era cualquier mujer de tango.
Antonio volvió para llevarse todo lo que había dejado. Se encontró con que le había cambiado la cerradura y puesto todas sus cosas en un rincón del pallier, sin importarle lo que dijeran los vecinos. Ella, derecho viejo, había tomado su propio camino, renovada y olvidadiza de gritos y desdenes.
Tony, creíste que le estabas sacando viruta al piso. Pero era sabido lo que te iba a pasar, porque la historia de todos los hombres abandonados es bastante parecida. En especial cuando se les frustra su plan de retirada.
Si bien no haría falta mencionarlo, forzó la puerta y metió sus cosas de nuevo hasta la partida final. Cuando se dio cuenta de que no era un desprecio pasajero, era tarde. De ahí en más, los sucesos se precipitaron sin que él tuviera control. Los van a leer rápidamente, si no les cansa la enumeración casi aburrida de hechos fatídicos.
Ni bien ella se fue, él se quedó sin trabajo en el exterior, le robaron un Fiat 128 modelo 75 prestado, y desaparecieron sus documentos. ¿Creen que es imposible tanta mala suerte? Es lo que pasó. Sobre el pucho, no vio más salida que recurrir a la fe, y se involucró en una secta que le sacó los últimos pesos que le quedaban. Intentó suicidarse con un revólver demasiado viejo. Ató cabos. Nada le salía bien desde que ella lo había abandonado.
Para que les quede claro: si Antonio hubiese visto las señales no le habría  pasado lo que le pasó. Ingenuo, pensó que con una carta sin rostro pondría la relación en un si te he visto no me acuerdo y a otra cosa. Pero, Tony… ¿qué te costaba salir a dar una vuelta?  

ALICIA STEIMBERG: MURIÓ UNA ESCRITORA ESPECIAL

Alicia Steimberg marcó un original camino literario

Sorprendió con su humor y sus ironías en la narrativa erótica
 
La mesa en Las Violetas quedó ayer dolorosamente vacía, aunque las amigas de siempre habían confirmado vía mail, el sábado por la tarde, el rito semanal en la tradicional confitería porteña. El destino las sorprendió a las dos: Alicia Steimberg murió repentinamente el 17 de Junio tras sufrir una descompensación cardíaca, a los 78 años, y su colega, Ana María Shua no salía de su pena por la partida inesperada.
Sonreiría Steimberg al escuchar el recuerdo cálido de Shua, autora, entre otras obras, de Fenómenos de Circo : "Fue una gran escritora que nunca se dejó llevar por modas o convenciones. Siempre buscó un camino propio y original. Encontró una voz particular, alejada de cualquier facción, que se veía en su estilo y su escritura".
Alicia Steimberg no sólo fue una autora original por su ironía y su hábil manejo de la narrativa erótica, sino que enseñó a muchas personas en su taller literario.
Había nacido en Buenos Aires en 1933. Era egresada del Instituto Nacional del Profesorado en Lenguas Vivas y, además, era traductora de inglés. Era madre de Víctor, Estela y Martín; dos de sus hijos viajaban especialmente anoche de Roma a Buenos Aires para despedirla.
Autora de obras como Cuando digo Magdalena (Premio Planeta Biblioteca Sur 1992), Amatista (Premio La Sonrisa Vertical, 1989), La música de Julia (2008), La loca 101 o El árbol del placer , hacía ficción con lo autobiográfico. Su primera obra fue Músicos y relojeros , que se publicó en 1971 y que fue finalista de los concursos de Seix Barral (Barcelona) y Monte Avila (Caracas).
Pocos días antes Alicia Steimberg había sido homenajeada por su trayectoria literaria y por su novela emblemática La loca 101 , en la que se inspiró la compañía Contratiempo, dirigida por Gustavo Friedenberg, para el espectáculo Consideraciones acerca del animal doméstico, en cartel en el Teatro del Abasto.
Inclinada a la literatura para adultos, también dedicó obras para jóvenes lectores como El mundo no es de polenta y Una tarde de invierno en submarino .
En 1983 había ganado la beca Fulbright y participó durante tres meses en el programa internacional de escritura en Iowa. En 2004, recibió el Premio Konex de Platino en traducción. Había obtenido, además, los premios Satiricón de Oro (1973) y de la Sociedad Argentina de Escritores (1983).
Tuvo un breve paso por la gestión pública. Fue directora del Libro en la Secretaría de Cultura de la Nación entre 1995 y 1997.
La escritora Luisa Valenzuela destacó su personalidad: "Alicia rompía con las reglas; eso es muy meritorio y muy difícil. Lo maravilloso que tenía Alicia era su enorme sentido del humor y lo aplicaba en lo erótico, algo que es muy difícil de hacer".
"Colocó el humor en el lugar más inesperado y eso fue un gran hallazgo de ella. El erotismo femenino en ese momento era más bien un reflejo del deseo del hombre y ella lo puso en el deseo de la mujer", afirmó la autora de Argentina desde la cama , al referirse a Amatista , la novela de su colega desaparecida .

martes, 10 de julio de 2012

CORRECTORES EN LA RED: El misterioso caso de la palabra miembra...

CORRECTORES EN LA RED: El misterioso caso de la palabra miembra...

ENTERRAR LAS PALABRAS


ENTERRAR LAS PALABRAS
Haciendo un racconto de lo disfrutado desde el almuerzo, concluyó que la tarde había sido apacible. Leyó veinte páginas de una novela de aventuras, cebó unos buenos mates, y después simplemente se dedicó a mirar el cielo diáfano, el bosque de eucaliptos y el pasto verde y lozano después de la lluvia. No podía pedir más. Así era como imaginó siempre su jubilación: un disfrute de las cosas simples de la vida, en el campo.
Julia había muerto un mes atrás cuando no pudo encontrar su inhalador contra el asma. Y aunque él no se lo habría confesado a nadie, se sentía aliviado. Era de las habladoras; no le era posible parar la lengua ni siquiera cuando dormía. Lo iba siguiendo a todas partes, contándole cosas que no le interesaban, y que ni siquiera podía entender. Insoportable.
Ahora, el silencio era su única y perfecta compañía.
La noche de otoño era cálida e invitaba al descanso. Se recostó en la hamaca paraguaya atada entre dos robles, y se quedó dormido.
La luz del amanecer lo despertó junto con el molesto ruido de los perros escarbando ansiosos en el rectángulo de flores, como si hubiesen escondido huesos que trataban de recuperar.
Se acabó mi tranquilidad, pensó. El jubileo duró solamente un mes. Aunque no hablara, Julia no lo iba a dejar en paz nunca. Ahora tendría que plantar flores nuevamente. Mejor sería deshacerse de los perros; pero eran compañeros, guardianes y no hablaban.

lunes, 18 de junio de 2012

PAUL AUSTER Y SU "DIARIO DE INVIERNO"





A sus 65 años Paul Auster hace un recuento de episodios en su más reciente libro Diario de Invierno que sin ser una novela o un libro autobiográfico, reúne algunos recuerdos que dolorosos o placenteros habitan en su memoria ...
El escritor, guionista y director Paul Auster presentó en Madrid su libro autobiográfico `Diario de invierno´. Auster desveló cómo crea sus novelas. Trabaja sin estructura y "descubriendo" según escribe. Confesó también que abandona el cine. Demasiado esfuerzo para que 200 personas vean sus películas.





















































































































Escritura

Escritura
esa pluma que todos hubiéramos querido tener entre nuestros dedos