Escritosdemiuniverso

Este blog es como ese universo que construyo día a día, con mis escritos y con los escritos de los demás para que nos enriquezcamos unos a otros. Siéntanse libres de publicar y comentar. Les ruego, sin embargo que lo hagan con el respeto y la cultura que distingue a un buen lector y escritor natural.



“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído…”
Jorge Luis Borges



viernes, 11 de junio de 2010

CORSOS ERAN LOS DE ANTES

CORSOS ERAN LOS DE ANTES


Disfrazado de silla Luis XV, comienzo a recorrer las calles iluminadas. Sin haberla buscado, me encuentro con la chica de mis sueños rojo buzón, aguardando que le regalen una carta. Ella se acurruca entre mis brazos de gobelino y caminamos entre las demás máscaras.

La serpentina y el agua de los pomos se cruzan por el aire y enlazan a Superman con el Corsario Negro, a cierta Caperucita con uno de los tantos Patito Feo, al cowboy con una gitana. Nadie se preocupa por la hora: siempre es temprano. Las matracas compiten con los globos que revientan porque sí.

La calle y las veredas ruegan un espacio de libertad, y los perros vagabundos se esconden con miedo bajo las maderas quejosas del escenario donde pasearán las mascaritas, aspirando al premio. Algunas madres llaman a sus hijos perdidos voluntariamente entre los vendedores de estrellitas y los heladeros.

Desapercibidos, paseamos nuestro recién estrenado amor a primer antifaz bajo las lamparitas de colores buscando una vereda arbolada y sin luna. Su boca rectangular me susurra un deseo: recorrer mi disfraz hasta escuchar el latido del corazón. Yo, encontrar el cierre relámpago que descubra su verdadero yo. Somos mascaritas sin sosías. A seis cuadras del corso, contra un paredón roído por la lluvia y el tiempo, consigo deshacerme de las maderas que me dan forma y de la tela que me cubre. Haciendo malabarismos, deslizo con cuidado el cierre casi interminable del papel maché, hasta que cae y forra las baldosas. Nos asombramos al conocernos hombre y mujer. Sorbo de su boca verdadera y la encierro con dulzura entre mis brazos de carne. Ella pega su oreja contra mi pecho y ríe con el galope interno.

La luz de la madrugada nos encuentra contándonos nuestros recuerdos y sueños. Mientras, se dispersan las otras mascaritas con cabezas de cartón bajo los brazos, cientos de globos se quedan enlazados en las ramas de los árboles, y otros personajes bailan borrachos mientras guardan los martillos de plástico y los pomos vacíos para el año próximo.

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Escritura

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esa pluma que todos hubiéramos querido tener entre nuestros dedos